sábado 26 de noviembre de 2022

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Editorial

Solo un valor simbólico

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Esta semana, el Consejo del Salario Mínimo resolvió una suba adicional del 20% sobre el valor que tiene actualmente, lo que termina completando un incremento del 110,5% para el período abril 2022-marzo 2023. El haber mínimo será en marzo, cuando se termine de conformar el aumento establecido, de 69.500 pesos.

El acuerdo fue exhibido como un avance para el poder adquisitivo de los trabajadores -de algunos trabajadores, se entenderá- porque se calcula que la suba estará algo así como 10 puntos porcentuales por encima de la inflación anual. Pero es preciso señalar que, si bien impacta positivamente en los haberes de algunos trabajadores, jubilados, pensionados y beneficiarios de programas sociales, en general, para la mayoría de los asalariados tiene más bien un valor simbólico.

El Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) actual -hubo antecedentes en un decreto de 1945 y la derogada Constitución de 1949- está regulado por la Ley 16459 de 1964, aunque ya había sido incorporado en el artículo 14 bis de la Constitución de 1957.

Los salarios más bajos de los trabajadores en blanco, que están bajo convenio gremial dentro de las dos centrales obreras más importantes (CGT y CTA), son siempre superiores al salario mínimo, de modo que la suba no impacta en esas escalas. Tampoco incide directamente en los trabajadores informales -o en negro- porque, al estar al margen de lo establecido legalmente, no pueden reclamar su aplicación. De todos modos, el salario mínimo, vital y móvil puede servirles como argumento para negociaciones (siempre informales) con las patronales.

El aumento del salario mínimo tiene, para la mayoría de los asalariados, apenas un valor simbólico

Pero el piso salarial formal sí sirve para otros grupos de personas que tienen ingresos fijos. Por ejemplo, los beneficiarios de los programas potenciar Trabajo, cuyos ingresos equivalen al 50% del salario mínimo vital y móvil. O los docentes que cobran el monto mínimo, que debe ubicarse obligatoriamente por encima del 120%.

Pero quizás el mayor valor que tiene es que impacta en la jubilación mínima, que no puede ser inferior al 82% del SMVM. En este caso la gravitación es importante, porque impacta en los ingresos mensuales de casi 3 millones de beneficiarios previsionales.

Los altos índices de inflación vienen deteriorando el poder adquisitivo de los trabajadores, sobre todo los informales. Los salarios de los trabajadores que se negocian en paritarias vienen emparejándole al nivel del aumento sostenido de los precios, del mismo modo que el incremento de las jubilaciones, pero los ingresos de los empleados en negro, e incluso de algunos en blanco, están muy por debajo de los niveles de pobreza.

El incremento del salario mínimo es un paliativo de impacto reducido. Es menester un incremento real de todos los salarios por arriba de la suba de precios, lo que inevitablemente requiere de un programa sustentable que frene el círculo vicioso de la inflación. Pese a los esfuerzos y cambios de funcionarios, el actual gobierno -como tampoco el anterior- no ha podido aún lograrlo.

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