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editorial

La euforia de la especulación y el drama de la pobreza

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7 de noviembre de 2021 - 01:02 Por Redacción El Ancasti

Desde hace varias décadas a nivel global el capital financiero viene ganando terreno respecto del capital productivo. Pero es tal vez en la actualidad, según coinciden los expertos, cuando más se advierte una desconexión entre el mundo de las finanzas, asociado de manera creciente a movimientos especulativos que generan burbujas que más temprano que tarde revientan, y el mundo de la economía real.

Esta escisión provoca que puedan convivir simultáneamente un formidable crecimiento de determinados activos financieros, que provocan enormes  –y artificiales- ganancias entre quienes lo poseen, y una crisis de graves y palpables consecuencias en la vida de las personas, asociadas al crecimiento de la pobreza, el desempleo y la inseguridad alimentaria. El precio de las criptomonedas y de las acciones de algunas empresas que han hecho fabulosos negocios en el contexto de la crisis de la pandemia se disparan del mismo modo y al mismo tiempo que las penurias de los más pobres del planeta. Según datos difundidos recientemente por las Naciones Unidas, la cantidad de personas que padecen inseguridad alimentaria se acerca peligrosa, y al parecer inexorablemente, a los mil millones. Mientras tanto, las grandes fortunas de algunas empresas o particulares superan ya largamente los cien mil millones de dólares, cifras que representan el valor de los PBI de muchas naciones.

“Blue Origin podrá seguir mandando millonarios a la estratósfera. Tesla podrá seguir haciendo los autos de alta gama más codiciados. Bitcoin y el resto de criptomonedas podrán provocar nuevos picos de euforia. Pero si un porcentaje importante de la población no come, nada de eso puede sostenerse”, reflexionó en un artículo recientemente Federico Kucher, Licenciado en Economía (UBA) y magíster en Desarrollo Económico. No es un razonamiento heterodoxo: hay coincidencia casi generalizada entre los analistas respecto de la insustentabilidad –además de la evidente inequidad- del actual modelo.

En rigor, no se necesita tener estudios de postgrado en economía para advertir la brecha que separa al mundo de la especulación financiera del mundo real. Las voces de alerta se multiplican. “Mientras la economía real, aquella que crea trabajo, está en crisis - ¡cuánta gente está sin trabajo! - los mercados financieros no han estado jamás tan hipertróficos como ahora. ¡Cuán lejano está el mundo de las grandes finanzas de la vida de la mayor parte de las personas! Las finanzas, si no son reglamentadas, se transforman en una pura especulación, animada de políticas monetarias. Esta situación es insostenible. Es peligrosa”, sostuvo en mayo pasado el Papa Francisco a través de un video que tuvo gran difusión.

A escala nacional y local la fiebre de la especulación financiera también se advierte con fuerza y necesita de reglas del juego claras. El capital financiero no puede ser una herramienta de enriquecimiento artificial de unos pocos, sino que debe estar supeditado a una estrategia productiva y generadora de desarrollo sustentable, donde los beneficios puedan distribuirse justa y equitativamente para atacar el hambre y la pobreza. 

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