Génesis. Roberto Lavagna testificó sobre el origen del sistema de corrupción diseñado por el kirchnerismo.
El testimonio del exministro de Economía Roberto Lavagna en la “Causa Cuadernos” aportó una pieza fundamental para terminar de armar el rompecabezas histórico y judicial de la matriz de corrupción en la obra pública argentina. Al reconstruir detalladamente los hechos que precedieron a su salida del Ministerio de Economía en noviembre de 2005, Lavagna no solo ratificó la existencia de sobreprecios y cartelización en la obra pública, sino también que su eyección del gobierno de Néstor Kirchner obedeció a la decisión de remover el obstáculo más importante para el despliegue del sistema de recaudación diseñado.
La eyección de Lavagna despejó el último obstáculo para el despliegue del sistema de recaudación ilícito del kirchnerismo. La eyección de Lavagna despejó el último obstáculo para el despliegue del sistema de recaudación ilícito del kirchnerismo.
Según Lavagna, las primeras alarmas provinieron del Banco Mundial, cuyos representantes manifestaron una profunda incomodidad por las irregularidades que detectaban en los programas viales financiados por el organismo. Esa advertencia externa lo indujo a ordenar un estudio exploratorio interno en la Dirección Nacional de Vialidad, del que surgieron indicios claros de cartelización de contratos y sobreprecios que promediaban el 20%.
Basado en ese diagnóstico, Lavagna dio intervención formal a la Comisión de Defensa de la Competencia. En noviembre de 2005, durante un almuerzo de la Cámara Argentina de la Construcción, trasmitió a los empresarios lo que los informes técnicos revelaban. La respuesta fue un silencio sepulcral.
"Nadie aplaudió", recordó Lavagna. Pocos días después, Kirchner le pidió la renuncia.
A partir de ese quiebre, el esquema de recaudación que se había ensayado y perfeccionado en Santa Cruz durante los años noventa —un "laboratorio" de la matriz corrupta, según lo definió la exdiputada Mariana Zuvic en la misma jornada del juicio— quedó habilitado para colonizar la estructura del Estado nacional. Sin la sombra de un economista de peso propio en el gabinete, áreas clave como el Ministerio de Planificación Federal, a cargo de Julio De Vido, y la Secretaría de Obras Públicas, comandada por José López, ganaron una autonomía total. La caja del Estado se centralizó y los filtros de control interno se disolvieron.
El testimonio de Lavagna engarza con las confesiones que empresarios arrepentidos aportaron años atrás. El caso más emblemático es el de Carlos Wagner, expresidente de la Cámara de la Construcción, quien detalló cómo funcionaba el club de empresas que se repartía la obra pública vial —la denominada "Camarita"— bajo las órdenes directas que De Vido transmitía en nombre de Kirchner. El engranaje requería una disciplina perfecta entre el funcionariato y las corporaciones.
Las declaraciones de Lavagna demuestran que, mientras él intentaba desmantelar esa cartelización desde las instituciones, la decisión política de la cúspide fue blindar el mecanismo y apartar al denunciante.
El desplazamiento de Lavagna operó además como un mensaje disciplinador hacia el "círculo rojo". Para el empresariado de la construcción, la renuncia forzada del ministro de Economía fue la confirmación empírica de las reglas de juego. Quien pretendiera participar del multimillonario reparto de la obra pública debía convalidar el sistema de retornos y cartelización; las vías institucionales de denuncia quedaban clausuradas con el despido del propio funcionario que intentaba activarlas.
El testimonio de Lavagna expuso con crudeza el momento exacto en que la administración del Estado abandonó cualquier prurito de transparencia para dar paso a un diseño institucional adaptado a la recaudación política ilícita.
Su salida fue el desmantelamiento del último contrapeso interno que le quedaba al Poder Ejecutivo, el acto fundacional que dejó el camino libre para la consolidación de la matriz de corrupción más vasta y eficaz de la historia democrática reciente.