jueves 4 de junio de 2026
Editorial

Las desigualdades como factores que afectan la salud mental

La salud mental afecta a un número creciente de personas en todo el mundo y revela con crudeza las tensiones, desigualdades y exigencias que atraviesan las sociedades contemporáneas. Actualmente, alrededor del 14 por ciento de la población mundial padece algún trastorno de salud mental, una proporción que duplica la registrada en 1990. Entre los sectores más afectados se encuentran los adolescentes de entre 15 y 19 años y las mujeres de todas las edades, siendo la ansiedad y la depresión los cuadros más frecuentes.

Los padecimientos psicológicos están atravesados por factores culturales, por las desigualdades sociales y por las brechas de género que persisten en nuestras sociedades. Los padecimientos psicológicos están atravesados por factores culturales, por las desigualdades sociales y por las brechas de género que persisten en nuestras sociedades.

En el caso de las mujeres, los expertos atribuyen la mayor prevalencia de problemas de salud mental a la acumulación desigual de responsabilidades respecto de los hombres. Victoria Vidal, directora del Observatorio de Salud Mental, Políticas Públicas, Prácticas y Cuidados de la Universidad Nacional de Quilmes, analiza que “las mujeres, generalmente, enfrentamos una doble, triple o hasta cuádruple carga horaria. Tenemos un agotamiento crónico que influye en la carga mental que tiene que ver con la profesión, las tareas de cuidado y la gestión del hogar”. A ello debe sumarse la exposición permanente a situaciones de desigualdad salarial, discriminación de diversa índole y múltiples formas de violencia, factores que terminan impactando directamente sobre el bienestar psíquico y emocional.

La violencia de género constituye otro de los factores que ayudan a explicar esta situación. También aquí los números son elocuentes. Un informe elaborado en 2023 por el entonces Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades de la Nación indica que una de cada dos mujeres sufrió alguna vez violencia por parte de una pareja. Asimismo, el 82,3 por ciento de las víctimas padeció violencia psicológica, seguida por la violencia económica. Resulta difícil imaginar que experiencias de semejante magnitud no dejen secuelas profundas sobre la estabilidad emocional, la autoestima y la salud mental de quienes las padecen.

Las estadísticas permiten observar, además, otra dimensión relevante del problema. Los trastornos de salud mental presentan una incidencia mayor entre los sectores socioeconómicamente más vulnerables. Las dificultades para acceder a empleos de calidad, ingresos suficientes, viviendas adecuadas y servicios de salud generan condiciones propicias para el sufrimiento psíquico. Sin embargo, aun dentro de esos grupos más desfavorecidos, la prevalencia continúa siendo superior entre las mujeres, lo que vuelve a poner en evidencia el peso específico de las desigualdades de género.

Todo ello obliga a comprender que los padecimientos psicológicos están atravesados por factores culturales, por las desigualdades sociales y por las brechas de género que persisten en nuestras sociedades. Por esa razón resulta imprescindible preservar y fortalecer el espíritu de la actual Ley Nacional de Salud Mental, que propone un abordaje integral sustentado en una perspectiva de derechos. La norma reconoce la complejidad de los factores que intervienen en los padecimientos mentales y promueve estrategias de cuidado respetuosas de la dignidad, la autonomía y la inclusión social de las personas.

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