La aprobación de más de 70 pliegos de jueces y fiscales federales en el Senado de la Nación fue un hecho institucional de magnitudes inéditas, primer paso para comenzar a achicar el no menos inédito volumen de vacantes en la Justicia, que con más de 300 cargos supera el tercio de su estructura. Apenas dos semanas antes, el oficialismo se había anotado en el mismo enclave un triunfo de alta costura al garantizar la continuidad en la Cámara de Casación Penal de Carlos "Coco" Mahiques, padre del ministro de Justicia Juan Bautista y emblema para el kirchnerismo del “lawfare” que lo tiene a maltraer, con diez votos más de los dos tercios del cuerpo y fracturando en el proceso al bloque peronista.
Tamaña redoblona parlamentaria se hubiera proyectado como una victoria estratégica y una demostración de solvencia política de primer orden en cualquier administración, pero los hermanos Javier y Karina Milei tienen un talento excepcional para malograr los escenarios más promisorios. El péndulo político osciló desde la destreza de los operadores para sostener a Mahiques hasta el grotesco escándalo desatado por el pliego de María Verónica Micheli, rea de leso cuñadismo con el periodista Hugo Alconada Mon, cuyas investigaciones sobre la criptoestafa LIBRA tocan fibras hipersensibles en el entorno presidencial.
La decisión de los Milei de intentar retirar a último momento una postulación que ellos mismos habían enviado y que ya contaba con dictamen favorable de la Comisión de Acuerdos detonó una nueva crisis de proporciones sistémicas.
La posterior aprobación del pliego de Micheli por una mayoría abrumadora, sumada al voto en contra del bloque oficialista y la ruidosa abstención por "objeción de conciencia" de su jefa de bancada, Patricia Bullrich, expuso ante la opinión pública por enésima vez las fracturas del oficialismo.
Ranas y escorpiones
El episodio puso a circular la trillada fábula de la rana y el escorpión, un clásico.
Los acólitos de Karina Milei acusan a Bullrich de alta traición, por pretender utilizar la estructura oficialista para alimentar un proyecto presidencial personal en detrimento del líder Javier. Las numerosas mutaciones que ha experimentado Bullrich a lo largo de su carrera facilitan identificarla con el escorpión que pica a la rana en pleno cruce del río y perece con ella porque no pude evitar lo que "está en su naturaleza".
Sin embargo, la parábola funciona con precisión en sentido inverso. Quienes parecen inoculados con una pulsión autodestructiva irrefrenable son Javier y Karina, incapaces de refrenar una naturaleza proclive a los conflictos terminales y las rupturas insensatas.
La naturaleza de los Milei condena al oficialismo a un movimiento pendular donde cada acierto estratégico es inmediatamente sepultado por un escándalo intestino. En el ecosistema libertario sobran escorpiones y faltan ranas. La naturaleza de los Milei condena al oficialismo a un movimiento pendular donde cada acierto estratégico es inmediatamente sepultado por un escándalo intestino. En el ecosistema libertario sobran escorpiones y faltan ranas.
La matriz identitaria de trinchera perpetua volvió a manifestarse al priorizar un berrinche doméstico y una estéril vendeta contra la prensa por encima de la consolidación de un triunfo parlamentario histórico.
Los Milei volvieron a sucumbir a su instinto autodestructivo.
Desconfianza
El irascible carácter de Javier, los extensos rencores de Karina y la paranoia de ambos son el combustible de permanentes rencillas gubernamentales que perjudican la evolución del programa económico. La inestabilidad política que ambos inducen erosiona la confianza de mercados e inversores, que demandan garantías adicionales para apostar por la Argentina.
Esto es una obviedad que, dadas las características psicológicas de la pareja, el propio ministro de Economía Luis "Toto" Caputo creyó conveniente explicitar en reunión de gabinete. Naturalmente, los Milei lo obligaron a desmentirse públicamente, con el resultado que cabía esperar: las desmentidas operaron como confirmaciones.
El frente macroeconómico hace los deberes de ajuste con disciplina prusiana, pero el riesgo país registra el impacto de un poder político que se autoboicotea cada quince días.
El temperamento de los Milei actúa como un impuesto invisible que encarece el crédito y ralentiza la reactivación.
A la sombra de estas batallas de superficie, el descontrol estimula la proliferación de facciones y nichos de corrupción autónomos. La botonera del Estado nacional parece haber sido loteada con criterios feudales. Coexisten en la administración libertaria terminales leales al poderoso asesor sin cartera Santiago Caputo, cajas retenidas por el esquema de Karina, segundas líneas del PRO que resisten el desgaste y sectores del peronismo reciclado que manejan resortes clave de recaudación.
Las fragilidades que el estrafalario estilo de conducción de los Milei introduce en su propio proyecto de poder alienta una lógica de rapiña a corto plazo.
Proliferan denuncias de irregularidades en contrataciones, manejos discrecionales de fondos públicos y designaciones cruzadas que muchas veces colisionan entre sí.
Cuando una célula invade el territorio de la otra en el reparto de cajas, la interna se resuelve mediante filtraciones mediáticas y maniobras virtuales que abren paso a expedientes judiciales.
El poder central, obnubilado por las disputas de pureza ideológica, ha cedido el control capilar de la gestión, permitiendo que la degradación administrativa avance sin freno.
Crisis sistémica
La tensión entre Karina y Bullrich es la última y más nítida estribación de esta crisis sistémica. El enfrentamiento escaló desde que la senadora cuestionó la permanencia como Jefe de Gabinete de Manuel Adorni, caracterizado “karino” al que la hermanísima proyectaba catapultar a la Jefatura de Gobierno porteña.
El ministro coordinador se encuentra bajo la lupa de la Justicia federal en una causa por presunto enriquecimiento ilícito y conflicto de intereses, motorizada por investigaciones que van desde inconsistencias en propiedades de su entorno familiar hasta el presunto movimiento de unos 3 millones de dólares en activos digitales no declarados y un llamativo nivel de consumos con tarjetas de crédito.
La defensa cerrada de Milei a su ministro no logró aplacar la rebelión latente. La abstención de Bullrich en el caso Micheli por razones de conciencia fue también una respuesta política al intento de arrinconarla; una demostración de que posee capital propio y la advertencia de que no está dispuesta a inmolarse.
La naturaleza de los Milei condena al oficialismo a un movimiento pendular donde cada acierto estratégico es inmediatamente sepultado por un escándalo intestino.
En el ecosistema libertario sobran escorpiones y faltan ranas.