jueves 23 de julio de 2026
El beso de la mujer araña

Es Poncho en Catamarca

Por Pía Cabral

Cuando el mundo se rige por mercados virtuales y nadie sabe de dónde viene exactamente lo que consumimos, Catamarca conserva la costumbre de la feria como vínculo de sostenimiento identitario.

Un mercado analógico en medio del caos global.

“Muchos han tomado las capacitaciones de la ruta del Telar, por lo que han adquirido otras técnicas, más que nada de teñido”, afirmó la ministra de Cultura, Turismo y Deportes de la Provincia, Daiana Roldán.

Sin dudas los tejidos son la artesanía catamarqueña más preciada, pero existen prácticas como la alfarería, el simbol o la orfebrería, en las que sobreviven técnicas antiguas, rescate y actualidad.

Lo viejo funciona. La virtud analógica como valor ante la fugacidad del consumo rápido. Lo cierto frente a lo descartable.

Mucho antes de la llegada de los españoles, América contaba con una red de ferias de intercambio.

Los mercados indígenas en Méjico, por ejemplo, son herederos de los antiguos Tianguis prehispánicos. Allí, en los que aún se conservan, las comunidades intercambian productos locales, hierbas y artesanías. Mantienen viva la tradición del trueque.

El imperio incaico contaba con grandes mercados como el del Tawantisuyu (las cuatro regiones unidas), encuentros periódicos de pueblos quechuas, aymaras, diaguitas y atacameños por los que circulaban tejidos, cerámicas, metales, alimentos, tintes y objetos rituales. Estas ferias eran, además de económicas, espacios de encuentro político, social y ceremonial, en donde se fortalecían alianzas entre comunidades.

Tras la conquista, muchas sobrevivieron adaptándose a los circuitos coloniales, como las de Potosí, Cusco, Humahuaca o Tarabuco, que mantuvieron viva la circulación de artesanías y saberes ancestrales, combinando tradiciones indígenas con influencias hispanas.

Las ferias artesanales latinoamericanas son herederas del concepto del ayni (reciprocidad y ayuda mutua), el trueque y el intercambio comunitario, donde no solo circulaban bienes, si no también conocimientos, memorias e identidades.

En Argentina, intercambios como los de la Quebrada de Humahuaca, Valles Calchaquíes o la Puna, continúan en distintas ferias como la de San Carlos, en Salta. En Córdoba, la Feria de Artesanías, la Feria de Mataderos en Buenos Aires, o la Feria de Artesanos en Santiago del Estero que se sostiene durante todo el mes de julio, son ejemplos de la conservación de oficios tradicionales y preservación de identidad cultural.

La Fiesta Internacional del Poncho es hoy un fenómeno único en la Argentina. Nacida de una práctica milenaria, un legado que sigue vivo convoca al turismo y hasta consigue sostener otras actividades culturales con sus regalías. La profesionalización alcanzada en los últimos años demuestra que bien puede conjugarse tradición con progreso, sin menoscabar ninguna actividad.

Una construcción colectiva genuina, porque representa los más valiosos rasgos humanos puestos en escena. Una historia forjada con las manos de nuestros pueblos, que suma tradiciones artísticas y posibilidad de desarrollo para otras actividades. Desde 1967, la Fiesta del Poncho es una iniciativa imprescindible de cualquier marco político. Su mayor capital es el cimiento humano, frente a las bellezas del paisaje natural de la provincia o a una construcción de la fe, como la Virgen del Valle.

La dimensión comunitaria de este evento se explica porque hoy, la feria artesanal, mucho más que un mercado,es un espacio de transmisión cultural que sobrevive. Una comunidad en movimiento en torno al vínculo de la creación de una pieza y quien la adquiere.

Ante la consulta de la prensa acerca de la llegada de algún apoyo económico del Gobierno nacional para la Feria, Roldán aseguró que no recibió “ni sus más sinceras felicitaciones”.

La Feria Internacional del Poncho es una prueba de que aún existen economías en las que el valor nace de la soberanía cultural, frente a la colonización digital. Cuando se abren las puertas a mega desregulaciones, cabe preguntarse si hay otro tipo de economías que todavía podemos sostener, sin la necesidad de caer en feudos digitales administrados por plataformas.

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