Solidario. El concejal capitalino Diego Figueroa publicitó a través de un video la entrega de unos "palets" .
El tipo sube a una camioneta, recorre un barrio, baja unos palets de madera y una bolsa de alimentos y entrega todo a una familia. Hasta ahí, una maniobra demagógica tan clásica como filmar la asistencia, editarla y musicalizarla con un tema convenientemente emotivo.
En esta oportunidad, la escena es protagonizada por el concejal capitalino Diego Figueroa, solidario en el barrio San Martín. Unas tarimas y una pasada por el supermercado es el costo de producción para proyectar hacia el público de las redes sociales su generosidad.
Se trata de una operación cada vez más frecuente. Lo objetable no es que un funcionario reparta materiales o comida, sino que la pobreza funcione como escenografía: que la vulnerabilidad de una familia se convierta, sin que medie demasiado consentimiento real, en contenido para el feed de un dirigente. La cámara transforma a esas familias en actores de reparto de una historia que no escribieron ellos, sino quien las filma.
La lógica no distingue oficialismos de oposiciones ni colores partidarios. Es una gramática compartida por buena parte de la dirigencia política contemporánea, que descubrió que la asistencia social rinde el doble si además de resolver (o simular resolver) una carencia, produce imagen. El resultado es una suerte de clientelismo audiovisual. No hace falta prometer nada a cambio del voto, alcanza con que el algoritmo haga circular la escena de la entrega.
Es lícito preguntarse, entonces, qué mide realmente ese tipo de gestos. Si la vara para evaluar una política social es la cantidad de reproducciones que consigue el video, algo se perdió en el camino.
La ayuda que necesita publicitarse a sí misma con semejante despliegue estético es menos a una política pública y más a una campaña permanente que usa la necesidad ajena como set de filmación.
Algo de eso pareció advertir el propio público del video, a juzgar por los comentarios que despertó. Hubo quien le recordó al concejal que ocupa una banca con herramientas para incidir en políticas de fondo, y que reducir su gestión a un gesto filmado suena, más que a asistencia, a puesta en escena.
Otros directamente le reprocharon la modestia de lo entregado, en contraste con el aparato de difusión montado alrededor. La reacción, en definitiva, apunta a lo mismo que se viene señalando en este mismo espacio: cuando la ayuda se mide por su rendimiento audiovisual, hasta quienes reciben el aplauso digital terminan notando la desproporción entre el envase y el contenido.
Nada de esto invalida que haya, detrás de la cámara, una necesidad real. Pero la sinceridad de un gesto solidario no se mide por cuánto se lo musicaliza, sino por si existiría igual sin que nadie estuviera filmando.
En cuanto se advierte esto se hace más notorio el cálculo de rentabilidad. Unos palets de madera y una bolsa de mercadería difícilmente alcancen para resolver la vida de una familia, pero son suficientes para llenar un minuto de video con banda sonora incluida.
La inversión es modesta y el rédito, en cambio, apunta alto: instalar la imagen de un concejal solidario, cosechar interacciones, ganar terreno de cara a la próxima elección.
Es una ecuación conocida en la política vernácula: cuanto menor el gasto en la ayuda concreta, mayor el margen que queda disponible para invertir en el verdadero producto, que es la propia figura del dirigente.
Con esa proporción, uno podría preguntarse quién terminó siendo, en rigor, el mayor beneficiario del reparto.
Se dio cuenta el propio Figueroa, que tras los rechazos recogidos en las reacciones del público por la evidente manipulación de la pobreza produjo otro, ya centrado en explicar que su intención era la de visibilizar un problema y no la de autopromocionarse.
Cabe destacar, sin embargo, que el video de la polémica se basa en solo un caso, que es el que el edil atendió. Obviamente, no quiere decir que no haya más, muchos más en realidad, como cualquiera puede intuir. Pero a Figueroa, y tantos otros, les alcanza con registrar sólo uno para poner a circular un aviso publicitario.