viernes 5 de junio de 2026
Colección SADE

El periodismo, memoria y libertad

Por Juan Carlos Ponce

Cada 7 de junio la Argentina celebra el Día del Periodista, fecha que recuerda la fundación de la Gazeta de Buenos Aires por Mariano Moreno en 1810. Aquella publicación nacida en los días ardientes de la Revolución de Mayo no fue solamente un periódico: fue una herramienta política, un instrumento de emancipación y una tribuna de ideas para una nación que comenzaba a pensarse libre. Instituida oficialmente en 1938, la conmemoración honra el ejercicio del periodismo, la búsqueda de la verdad y la libertad de expresión. Pero también invita a reflexionar sobre el papel que tuvieron los periódicos en la construcción de la identidad argentina y, especialmente, en las provincias del interior.

En Catamarca, la historia periodística posee páginas profundamente significativas. Uno de los antecedentes más importantes fue El Ambato, considerado el primer periódico catamarqueño, surgido en una época donde escribir y publicar implicaba casi un acto de militancia intelectual. Aquellas hojas Impresas no solo trasmitían noticias: eran el espejo cultural y político de una sociedad en formación. Décadas después, el 30 de agosto de 1928, el segundo obispo de Catamarca, Monseñor Inocencio Dávila y Matos, fundó el periódico El Porvenir, que más tarde adoptaría el nombre de La Unión. Con el paso de los años ese diario terminaría convirtiéndose en uno de los testimonios escritos más importantes de la provincia.

La continuación de La Unión durante casi un siglo representa mucho más que la supervivencia de una empresa periodística. Significa la persistencia de una memoria colectiva. En sus páginas quedaron registradas las transformaciones políticas, sociales, religiosas y culturales de Catamarca. Allí quedó escrito el pulso cotidiano de generaciones enteras.

Junto a La Unión otros medios gráficos ocuparon un lugar fundamental en la vida pública provincial. El Ancasti, fundado en la segunda mitad del siglo XX, se consolidó como un diario de mayor influencia en la agenda política, social y económica de Catamarca. El Ancasti apareció en 1988, justo en momentos de una cierta expectativa de renovación de las pautas periodísticas y se mantiene alerta a los acontecimientos sociales, políticos, educativos y culturales del quehacer catamarqueño, siempre con la visión actualizada y certera en el tiempo que se producen. Miles de páginas y cientos de actuaciones diversas dan fe de una existencia real que refleja los sucesos provinciales, nacionales y mundiales. Verbigracia, esta Colección SADE, es un ejemplo del compromiso de El Ancasti en la difusión de nuestra cultura.

Por su parte, Diario El Esquiú aportó una mirada periodística propia, contribuyendo al pluralismo informativo y al debate democrático.

La coexistencia de estas voces permitió enriquecer el panorama periodístico provincial y ofrecer a los ciudadanos distintas perspectivas sobre la realidad.

Detrás de cada trayectoria estuvieron hombres y mujeres que entendieron que el periodismo como una responsabilidad intelectual y moral. En el caso de La Unión, lo dirigieron sucesivamente Ramón Rosa Vera, Pedro M. Oviedo, Pedro Caldelari, Arturo Melo y Ramón Rosa Olmos, cada uno atravesando épocas distintas y desafíos y desafíos diferentes.

Hoy, en tiempos dominados por la velocidad digital y la fugacidad de la información, recordar la historia del periodismo provincial adquiere un valor especial. Porque los pueblos que pierden sus periódicos también corren el riesgo de perder su memoria.

Desde la Gazeta de Buenos Aires hasta El Ambato, La Unión, El Ancasti y El Esquiú, existe un hilo invisible que une generaciones de periodistas, escritores e intelectuales argentinos: la convicción de que la palabra escrita sigue siendo una forma de libertad.

En una época en la que la información circula de manera instantánea y muchas veces efímera, la labor de los medios periodísticos continúa siendo esencial para preservar los hechos, documentar la historia y sostener el derecho de los ciudadanos a estar informados. Allí reside, quizás, la verdadera misión del periodismo: ser memoria viva de una comunidad y conciencia crítica de su tiempo.

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