martes 17 de marzo de 2026
Análisis

La vida es todo

Por Guillermo Alejandro Bordón

En los últimos tiempos se ha podido observar —aunque no es un fenómeno nuevo— un marcado “interés” de la política por identificarse con los valores cristianos. Este fenómeno, por supuesto, no concuerda con los resultados obtenidos a nivel social y económico. Se recurre a gestos orantes o a fotografías con obispos o con el Papa para ilustrar una supuesta condición de hombres de fe. Incluso dentro de la misma Iglesia ha sucedido, y sucede, el error de ideologizar la fe, tomando como referencia a un líder político en lugar de los Evangelios, que constituyen la base de nuestra conducta ética. Así, vemos dirigentes que se presentan como cristianos pero que no reflejan dichos valores en su labor legislativa.

Muchos se han proclamado "pro vida", especialmente durante el debate por la legalización del aborto; sin embargo, sus propuestas atentan contra la vida de las personas y de la naturaleza. Es necesario tener cuidado con quienes ideologizan la fe. El padre Pablo Savoia, creador de contenidos digitales, expresó en Facebook: “La política, desde hace varios años, usa los valores cristianos”. Según el sacerdote, en ese proceso ocurren hechos curiosos: se reduce el cristianismo a ciertos valores morales, como el rechazo al aborto o la defensa de la familia, pero se excluyen temas fundamentales como la justicia social o el cuidado de los migrantes. En esos casos, parece que ser cristiano deja de ser una opción integral”.

La ideologización de la fe reduce los valores a una especie de conveniencia; funcionan como un eslogan, pero no como una acción directa hacia las personas. Es oportuno recordar lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la justicia social, un tema latente en nuestro país: “La sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a las asociaciones y a cada uno conseguir lo que les es debido según su naturaleza y su vocación. La justicia social está ligada al bien común y al ejercicio de la autoridad”. En otro apartado, sostiene que esta solo puede ser conseguida sobre la base del respeto a la dignidad trascendente del hombre.

La persona representa el fin último de la sociedad, la cual está ordenada al ser humano: “La defensa y la promoción de la dignidad humana nos han sido confiadas por el Creador, y [...] de las que son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia”. Ideologizar la fe es negar su esencia misma: el prójimo. Gran parte de lo producido por la política en los últimos años tuvo como resultado el de someter a las personas al hambre, a la inseguridad y a otras formas de injusticia.

La fe es vida y la vida es todo.

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