El cierre del conflicto en Antofagasta de la Sierra terminó de exponer a la inoperancia del intendente Mario Cusipuma como su principal causa.
El cierre del conflicto en Antofagasta de la Sierra terminó de exponer a la inoperancia del intendente Mario Cusipuma como su principal causa.
Como se consignó ayer en esta misma columna, la controversia se inició porque el director de la escuela de la villa no había rendido cuentas de las partidas que todos los meses se le depositan para cubrir los gastos del comedor escolar. Era una suma insignificante, que no llegaba a los $3 millones y que la comuna, o el propio Cusipuma, podría haber cubierto hasta que se resolviera el inconveniente burocrático.
Insólitamente, el jefe comunal no pudo, no supo o no quiso cortar la escalada, que fue adquiriendo volumen político hasta demandar la intervención directa de los ministerios de Desarrollo Social, Gobierno y Educación.
La imagen de Cusipuma vituperado por las personas que permanecían en el piquete sobre la Ruta 43 el jueves a la noche fue una síntesis: los manifestantes no querían saber nada con él y recién se allanaron a un acuerdo tras dialogar con los ministros.
Resuelta la crisis, el intendente consideró que su detonante no era tan complejo, pero se agravó debido a que se contaminó con componentes “políticos”. Una admisión de incompetencia.
Es increíble que el intendente de Antofagasta de la Sierra, que tiene poco más de 2.000 habitantes, haya sido incapaz de advertir las proyecciones de la controversia y los atractivos flancos que ofrecía para la política. ¿Imaginaba que podría mantenerse encapsulada en la escuela? Era obvio que sus opositores se harían eco de ella y la fogonearían, conducta que por otro lado no tiene por qué ser ilegítima en todos los casos. Si el intendente no ofrece respuestas satisfactorias ¿cómo obtenerlas si no es haciendo ruido?
De hecho la comunidad educativa de la villa logró que las partidas para el comedor escolar se cuadruplicaran tras del desembarco del Gobierno provincial. Habrán tomado debida nota. ¿Para qué lo necesitan al intendente?
El episodio se inscribe en la extensa saga de la autonomía mocha que esgrimen la mayoría de los caciques del interior: es sólo para gastar; apenas las cosas comienzan a complicarse recuperan el amor por la dependencia y caen con la escupidera a la Casa de Gobierno a pedir auxilio. Como estudiantes crónicos que se patinaron la plata para el alquiler, prometen enmienda, consiguen que les manden unos pesos y otra vez la burra al trigo.
Lo dicho no exime de responsabilidades a los organismos provinciales, pero cuando la crisis empezaba a fraguarse el más elemental de los razonamientos indicaba que el intendente podría controlarla. Es quien tiene el vínculo más directo con la comunidad, por no hablar de lo poco que se precisaba para que el comedor funcionara mientras se ordenaba el frente administrativo.
La deserción de Cusipuma proyectó un conflicto escolar a toda la provincia y mantuvo cortado el tránsito por la puna durante dos jornadas. Para entonces cuando se cortó la ruta, el caudillo estaba totalmente desacreditado como interlocutor y los insurgentes exigían la presencia de las autoridades provinciales, que tuvieron que salir de apuro para impedir que el problema continuara extendiéndose.
Ahora el intendente anda diciendo que el asunto no pasó a mayores gracias a él, por supuesto. Y una vez que se asiente la espuma estará en condiciones de volver a montarse sobre las obras que se hagan en Antofagasta y atribuirlas a su gestión. Capaz que alguien se acuerde entonces de reformular el apotegma jurídico: quien no puede lo menos, tampoco puede lo más. Si no pudo sostener por unos días un comedor escolar ¿cómo haría para apropiarse de rutas, cloacas y redes energéticas?