domingo 30 de noviembre de 2025
Opinión

Hay una cosa que nunca van a entender

Por Rocío Carrizo Cano

Nada ha podido detenerla. Ni la venta de su cancha, ni el descenso, ni las promesas rotas de quienes debían cuidarla. Ni siquiera los golpes de la historia lograron quebrar a esta hinchada, que se hizo gloriosa en las buenas y en las malas, que cantó, sufrió y celebró, que sostuvo al club cuando todo parecía perdido. Porque lo que hoy parece resistencia eterna nació, justamente, en los días más injustos.

En esos momentos donde nos sacaron lo que era nuestro, donde intentaron arrancarnos la identidad, donde lo perdido dolía más que cualquier resultado. Y aun así, incluso cuando arrancaron pedazos enteros de nuestra historia, hubo algo que jamás pudieron tocar: la gente.

Esa multitud que no aflojó cuando les arrebataron su cancha. Esa que no se escondió cuando tocó caminar el descenso con los dientes apretados. Esa que transformó cada herida en bandera, cada golpe en una manera distinta de alentar. Esa hinchada que se hizo gloriosa justamente porque estuvo cuando más dolía. Y ahí aparece el nombre. Ese que no hace falta repetir para que todos entiendan: San Lorenzo de Almagro.

Un club que parece condenado a vivir entre pruebas. Que todavía carga con errores que nunca fueron suyos. Que sufre decisiones que lo lastiman más que cualquier derrota. Que se enfrenta a crisis, internas, deudas, promesas caídas…

Pero hay algo que no cambia. Algo que la dirigencia, la política, los intereses y las tormentas no pueden romper: la lealtad.

La que nace de la cuna, la que acompaña ganes o pierdas, la que no negocia su historia ni su pertenencia. La que impidió que este club desapareciera. La que sostuvo al equipo cuando no había un motivo racional para seguir ahí. La que sigue soñando con levantar los escalones en Boedo porque sabe que ese sueño está hecho de lucha, no de discursos.

Y eso es lo que nunca van a entender.

Que pueden sacudir las estructuras, cerrar estadios, mandar al descenso, atrasar sueldos, fallar en lo básico. Pueden empujar al club a su peor momento, pueden intentar quebrar lo que somos. Pero no pueden apagar a esta gente. No pueden apagar a esta hinchada que se volvió eterna justo en los días más oscuros. No pueden apagar un amor que sobrevivió a todo lo que le tiraron encima.

San Lorenzo puede atravesar mil tormentas. Puede caer, tambalear, sufrir, volver a levantarse. Pero nunca va a estar solo. Porque hay una cosa, una sola, que jamás van a entender: que esta hinchada no nació para abandonar. Nació para resistir. Y para volver, siempre.

¡Feliz Día del Hincha de San Lorenzo!

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