La victoria libertaria se proyecta hacia 2027 como un problema de primer orden para los esquemas provinciales.
La victoria libertaria se proyecta hacia 2027 como un problema de primer orden para los esquemas provinciales.
Si el respaldo de Donald Trump y el considerable robustecimiento de su representación en el Congreso oxigenan a Javier Milei para transitar el último tramo de su mandato, el golpe que asestó en las urnas a la mayoría de los gobernadores lo posiciona para avanzar en la consolidación de su movimiento con la captura de poderes territoriales.
Milei revirtió en este turno la anemia de sus formaciones parlamentarias. El próximo paso parece obvio: obtener gobernadores propios, “paladares negros”.
Conviene reinterpretar el fracaso de Corrientes desde esta perspectiva.
El gobernador Gustavo Valdés, radical, desdobló las elecciones provinciales y su hermano Juan Pablo se consagró gobernador el 31 de agosto con un triunfo rotundo. El candidato libertario, Lisandro Almirón, se ubicó en cuarto lugar con menos del 10% de los votos. Aunque los Valdés consiguieron ganar también en octubre, la diferencia fue mucho más estrecha y ya La Libertad Avanza entró segunda.
Milei también jugó por la Gobernación y perdió en Santiago del Estero, en elecciones simultáneas con las nacionales y a manos del imbatible aparato de Gerardo Zamora.
Lo que importa es destacar la decisión libertaria de competir por las dos gobernaciones que se dirimían en este turno, pese a que los pronósticos en esa categoría le eran adversos.
En 2027 no serán dos sino 22 las Gobernaciones en litigio, y las ofertas libertarias concurrirían no sólo con la expectativa generada por el éxito de 2025, sino traccionadas por la candidatura presidencial del propio Milei.
¿Con qué candidato presidencial jugarán los gobernadores? Es una vacancia que debe inquietar incluso a los que son aliados electorales de Milei. ¿Y si se le ocurriera enfrentarlos?
La solución instrumental más evidente y obvia es el desdoblamiento de las elecciones provinciales, pero en tal caso el problema se traslada a las nacionales, donde los candidatos de los oficialismos correrían privados de la estructura que suponen las candidaturas provinciales: además del gobernador, los intendentes, diputados, senadores y concejales. Lo que ocurrió en la Provincia de Buenos Aires y otros distritos que desacoplaron la contienda local de la nacional este año es ilustrativo.
En términos generales, el 26 de octubre afirmó una facción oficialista sólida, con terminales en todas las provincias, frente a una oposición amorfa y disgregada en múltiples cacicazgos. Un sistema hemipléjico, sin oposición competitiva a la vista, en la que los líderes provinciales se ven obligados a maniobrar sin referencias nacionales, acechados por la amenaza libertaria.
El dilema es desdoblar o no.
Si desdoblan, los esquemas provinciales aumentan sus chances de continuidad pero asumen el riesgo de ser batidos en las nacionales, donde se vota con Boleta Única. Si no desdoblan, juegan a todo o nada en octubre.
Falta todavía, hay que ver cómo se reconfigura la escena, pero hay dos elementos que parecen irreversibles: la disolución del kirchnerismo y la fagocitación de lo que fue Juntos por el Cambio dentro de La Libertad Avanza.
En ese contexto tiene que operar el peronismo catamarqueño, con un detalle no menor: Catamarca tendrá dentro de dos años un atractivo adicional al de la Gobernación para los libertarios, porque renueva sus tres senadores nacionales.
La Libertad Avanza ganó en todas las provincias que renovaron senadores, salvo en Santiago del Estero: CABA, Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta y Tierra del Fuego.
No metió 14 senadores porque el santiagueño Zamora es oficialismo y oposición en su provincia y colocó los tres, pero con los 13 le alcanzó para triplicar su representación en la Cámara alta.
En 2027 renuevan Catamarca, Córdoba, Chubut, Corrientes, La Pampa, Mendoza, Santa Fe y Tucumán. Boleta Única, con Milei encabezando.
La mayoría de los integrantes de las bancadas legislativas libertarias asumen ahora, con mandato hasta 2029. Quiere decir que si la hegemonía de Milei se sostiene, si no aparece algo consistente para enfrentarlo, las posibilidades de que aumente su gravitación en el Congreso son todavía más.
Ha de ser su sueño dorado: poder prescindir en un eventual segundo mandato de las molestas tratativas con los gobernadores.
En los ’90 los partidos todavía tenían un rol importante en la configuración de la política y las redes sociales no existían, pero la analogía es válida: tuvieron que pasar diez años para que se armara una coalición capaz de batir al peronismo comandado por Carlos Menem.
En el medio surgió el FREPASO, que aliado con otra franja filoperonista dejó tercera a la UCR en las presidenciales de 1995, las primeras tras la reforma constitucional que suplantó el Colegio Electoral por el sistema de balotaje. También se pelearon Menem, que no pudo jugar la rereelección, y Eduardo Duhalde, el candidato del peronismo que perdió con Fernando de la Rúa en 1999.
Matices al margen, el caso es que la irrupción de Menem indujo una transformación profunda en el ecosistema político nacional, en el marco de la cual el radicalismo comenzó a enderezar hacia un colapso que perfeccionó con el estrepitoso fracaso de la Alianza.
El fenómeno Milei lleva recién dos años, el peronismo se debate en una crisis de alcances imprevisibles.
Los tiempos son ahora más veloces, las circunstancias más volátiles, pero las incógnitas son muy similares a las que se abrieron en los ’90. Y todos los pronósticos vienen fallando.