Tropezar con la misma piedra: el expolio silencioso del patrimonio en Catamarca
Por Mgtr. Hugo Puente (*)
La picota de la indiferencia.
Apoyada indiferente contra un muro, en el Complejo Cultural Urbano Girardi de la capital de Catamarca, una piedra basal de la Junta del Algodón permanece hoy fuera de todo contexto y sin ningún indicio de su origen. Lo que alguna vez marcó el inicio de una obra y de un proyecto productivo clave para la región ha sido, en los hechos, recuperado por el olvido.
No fue destruida. No fue robada. Fue, simplemente, dejada de lado.
La inscripción, apenas legible, conserva rastros de nombres, fechas y decisiones que formaron parte de la historia productiva de nuestra provincia. Sin embargo, su estado actual no responde únicamente al inevitable paso del tiempo; responde, sobre todo, a la falta de cuidado, a la ausencia de políticas sostenidas y a una forma de desatención que, sin hacer ruido, erosiona el patrimonio.
El contraste resulta algo paradójico… el Complejo Girardi es presentado como un faro de la cultura local; un espacio donde convergen expresiones artísticas y múltiples iniciativas vinculadas a la identidad catamarqueña. Un lugar donde la memoria se celebra y se proyecta, pero donde, al mismo tiempo, una pieza que forma parte de la historia material de la provincia permanece desplazada, sin mediación ni reconocimiento. Un recordatorio de que el expolio no siempre adopta formas espectaculares; como el saqueo o la destrucción. Existe esa otra forma, lenta y persistente; aquella que silencia, desplaza, abandona y deja de reconocer los objetos como parte del legado histórico.
Caminar por las calles de Catamarca inevitablemente remite a la experiencia personal, a esos recorridos de la niñez en los que uno aprendía a reconocer el paisaje y las construcciones que daban orden a nuestro mundo. Pero ese mismo ejercicio hoy abre una pregunta incómoda ¿qué queda de todo eso y qué se pierde sin que lo notemos? Esta piedra basal es un ejemplo claro; no es solo un bloque de granito, sino un testimonio de un momento en el que el desarrollo algodonero ocupó un lugar central en nuestra economía provincial.
Cuando esas relaciones se rompen por la desidia, el daño es doble; se pierde la materialidad y se fractura la memoria colectiva.
Decimos que valoramos nuestra cultura, pero dejamos que sus huellas se pierdan. ¿Cómo vamos a cuidar nuestra historia si ni siquiera somos capaces de cuidar una piedra que cuenta quiénes somos?
En Catamarca, donde el paisaje urbano convive con dinámicas contemporáneas, estas formas de deterioro suelen pasar desapercibidas. No hay escándalo mediático ni denuncia inmediata, solo un proceso acumulativo de pérdida que termina por desdibujarnos. Aceptar este abandono implica naturalizar la desaparición progresiva de nuestra biografía como pueblo. El patrimonio no se pierde únicamente cuando se lo golpea; se pierde cuando se lo deja de mirar.
Esa piedra, apoyada indiferente contra el muro, no es un resto inerte del pasado. Es la evidencia de lo que estamos dispuestos a perder incluso en los espacios destinados a la cultura. Al final, parece que hemos decidido, una vez más, tropezar con la misma piedra… esa que tenemos justo enfrente y que, por pura indiferencia, elegimos volver invisible.
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En ella podemos leer: "JUNTA NACIONAL DEL ALGODÓN PIEDRA FUNDAMENTAL DE LA DESMOTADORA OFICIAL COLOCADA POR EL EXCMO SEÑOR PTE. DE LA NACIÓN DR. RAMÓN S. CASTILLO Y S. E. EL SEÑOR GOB. DE LA PCIA. DR. ERNESTO M. ANDRADA XXI - IX - MCMXLII (21 de septiembre de 1942)".
(*) Director del Museo Omar Augusto Barrionuevo de la UNCa