La pasión por las redes sociales comienza a jugarle malas pasadas al diputado Javier Galán, libertario disidente que ingresó a la Cámara baja a la cabeza de las listas del Movimiento de Integración y Desarrollo y se instaló como la gran sorpresa electoral el año pasado.
La intensa actividad en las redes sociales comienza a generarle algunos inconvenientes al diputado Javier Galán La intensa actividad en las redes sociales comienza a generarle algunos inconvenientes al diputado Javier Galán
Propietario de un corralón, expulsado tempranamente de las filas de La Libertad Avanza, encontró en Instagram una gran herramienta para proyectar su figura en la opinión pública al margen de las estructuras partidarias, con una actividad intensa a la que no le mezquina exposiciones bizarras que le garantizan visibilidad, como la de haber asumido acompañado por el popular “Topo”.
Es lógico que el éxito obtenido con esta estrategia lo induzca a profundizarla. Le da mejores resultados que a otros referentes de la oposición que buscan lo mismo que él: conseguir niveles de adhesión en las encuestas lo suficientemente voluminosos como para acceder a candidaturas en 2027.
Galán ha trabajado un personaje de francotirador solitario, dedicado a procurar soluciones justicieras y promover iniciativas resonantes.
En este tren, protagonizó por estos días un papelón importante al proponer que todos los funcionarios se practiquen narcotest obligatoriamente al menos dos veces por año. Es su primer proyecto parlamentario, pero resulta que ya hay otro igual que presentó en su momento el exdiputado Hugo Ávila.
Es probable que se haya mandado solo, sin preguntarle a nadie. O que preguntara y ninguno de sus colegas le advirtiera que ya existía un proyecto similar, cuyo tratamiento podía solicitar.
Hay ahí un problema que el legislador, quizás por falta de experiencia, no advierte: para que sus iniciativas prosperen en un cuerpo colegiado como la Cámara de Diputados, necesita construir lazos con sus pares, cosa que se le hace muy difícil porque nutre su egocentrismo en diferenciarse de ellos, marcando incluso distancias éticas.
Es una elección que ha hecho. Él no forma parte de la devaluada “casta” legislativa, su gestión consiste en tramitar quejas a través de las redes sociales, repartir su dieta de diputado, ofertar planes canje y promociones en su negocio y administrar una suerte de mini ministerio de Desarrollo Social.
Galán planteó la iniciativa del narcotest luego de que “El Topo” saliera severamente lesionado de un confuso episodio nocturno en el que al parecer hubo estupefacientes de por medio. La publicidad que el diputado le dio al incidente precipitó una veloz reacción de la Justicia, que capturó al agresor y le endilgó sin demasiadas vueltas intento de homicidio.
Ahora el diputado visita en el hospital al célebre “Topo”, sin olvidarse de difundir los encuentros.
Esta propensión a publicitar su generosidad lo expone a situaciones inconvenientes.
Hace unas semanas, por ejemplo, se acercó a un asentamiento y le sugirió a sus pobladores que hicieran un proyecto que resuelva sus necesidades para impulsarlo. Las mujeres le preguntaron porque no lo confeccionaba él, ya que es diputado y cobra como tal.
También informó en sus redes que tiene medicamentos para la salud mental disponibles para quienes los necesiten, lo que llevó a algunos a preguntarse bajo qué controles psiquiátricos los expende.
En su último posteo, reclamó techo y comida para una mujer que aparecía con una criatura en brazos. Advirtió que si no satisfacían su pedido en un plazo perentorio de 24 horas la llevará a dormir en su oficina de la Cámara de Diputados.
Hasta el cierre de esta columna, no había informado si el planteo había sido atendido. Corre el reloj ¿Cumplirá? Si lo hace, habrá que ver cómo responden las autoridades del cuerpo al desafío de alojar personas necesitadas en sus instalaciones.n