viernes 22 de mayo de 2026
Editorial

Círculo vicioso

Cuando el INDEC publica sus datos de inflación, lo que en realidad está midiendo es una canasta de consumo que hace tiempo dejó de reflejar la vida cotidiana de los argentinos. Una canasta que subpondera el peso creciente de los llamados gastos fijos, como el alquiler, las tarifas de servicios públicos, el transporte, la educación, el acceso a internet y la medicina prepaga. Rubros que, para millones de familias, no son opcionales ni postergables, sino la primera línea de erogaciones a la que debe hacer frente el salario.

Es en este contexto que cobra creciente relevancia un concepto que los economistas denominan "ingreso disponible": aquello que efectivamente resta en el bolsillo del trabajador una vez honradas esas obligaciones ineludibles. Y es precisamente ese indicador el que dibuja un cuadro mucho más sombrío que el que surge de la comparación entre salarios nominales e inflación oficial.

La consultora Equilibra viene iluminando esta zona oscura a través de informes mensuales. Su estudio correspondiente a marzo registró una nueva caída del ingreso disponible del orden del 1,9% anual, con una merma acumulada que ya alcanza el 12% desde el inicio del gobierno de Milei.

Los asalariados privados formales sufrieron una caída del 0,6% mensual y del 0,8% interanual en su ingreso disponible. Las jubilaciones mínimas, aun computando el bono adicional, se desplomaron un 1,3% mensual y un 6,7% interanual. Las jubilaciones no mínimas, por su parte, perdieron un 0,9% mensual y un 1,9% interanual.

Mientras el índice de precios general avanza a un ritmo determinado, los gastos fijos lo hacen a uno significativamente mayor. La canasta del INDEC no refleja esa asimetría. Mientras el índice de precios general avanza a un ritmo determinado, los gastos fijos lo hacen a uno significativamente mayor. La canasta del INDEC no refleja esa asimetría.

Es decir que mientras el índice de precios general avanza a un ritmo determinado, los gastos fijos lo hacen a uno significativamente mayor, y la canasta del INDEC no refleja esa asimetría con la ponderación que le corresponde. Abril parece confirmar la tendencia: la inflación general fue del 2,6%, pero los gastos fijos que el organismo oficial no dimensiona adecuadamente crecieron un 4,1%. La brecha se amplía, y con ella la distancia entre lo que el trabajador gana y lo que puede gastar.

Las consecuencias de esta sangría silenciosa son tangibles y se manifiestan en dos fenómenos que dominan la escena económica cotidiana. El primero es la caída sostenida del consumo interno, que afecta a vastos sectores productivos y comerciales. El segundo es el avance impactante del pluriempleo: cada vez más argentinos recurren a un segundo o tercer trabajo solo por la imperativa necesidad de completar ingresos que ya no alcanzan para cubrir lo básico.

Un informe publicado por el portal de empleo Bumeran refuerza este diagnóstico desde una perspectiva diferente pero convergente: según una encuesta realizada entre trabajadores argentinos, 7 de cada 10 agotan su sueldo en menos de catorce días.

En un verdadero círculo vicioso, la caída del poder adquisitivo contrae el consumo; la contracción del consumo deprime la actividad; la depresión de la actividad frena la creación de empleo y la mejora salarial; y la ausencia de mejora salarial realimenta la caída del poder adquisitivo. Argentina lleva demasiado tiempo girando en esa espiral, y salvo algunos sectores puntuales -ligados a la exportación o a actividades protegidas- la economía real sigue hundida.

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