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Editorial

Otra vez la dolarización

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31 de marzo de 2022 - 01:10

Cada vez que la inflación trepa por encima del promedio normal, como sucede en la actualidad, o como sucedió durante el último año del gobierno de Cambiemos, se vuelve a hablar en la Argentina de la alternativa de la dolarización de la economía. Incluso un diputado del radicalismo, Alejandro Cacace, presentó hace unos días un proyecto de ley en el Congreso, posición que no es la sostenida por la UCR y ni siquiera por el PRO de manera unánime. Solo sectores ultraortodoxos en materia económica, como el que ocupa Javier Milei, adhieren fervorosamente a esta iniciativa.

El proyecto presentado propone establecer “el dólar de los Estados Unidos de América como moneda de curso legal de la República Argentina”. Si se aprobase la ley el peso argentino desaparecería pero también la soberanía monetaria del país, es decir, la capacidad del Banco Central de incidir en políticas vinculadas, entre otras cosas, a una distribución más equitativa del ingreso nacional. “Un país que tiene al dólar como moneda oficial depende de la política monetaria de EE.UU., y por ende de sus ciclos económicos”, explica Ana Laura Jaruf, magíster en Economía. En el mismo sentido, José de Mendiguren, titular del BICE, asegura que al dolarizar la economía “te convertís en un suburbio de Estados Unidos”.

Además, que el Banco Central no tenga capacidad de orientar el tipo de cambio conspira con la posibilidad de lograr competitividad en el frente externo.

Otros economistas de distintas tendencias sostienen que dolarizar la economía implicaría, como el Banco Central viene conteniendo el nivel del dólar oficial, una brusca devaluación que provocaría un deterioro mucho más pronunciado de los salarios que el que ya tienen. Y en ese nivel subterráneo quedarían congelados. Así sucedió en Ecuador, donde los salarios se redujeron a la mitad con la dolarización.

También podría resultar una enorme confiscación de ahorros, porque no habría dólares físicos para canjear por pesos. “Es un delirio pensar que el Banco Central va a contar con dólares para cambiar los pesos de la gente. Estos planteos ortodoxos y neoliberales ya los conocemos, son antiguos, atrasan y fracasaron en el país”, sostiene, por ejemplo, el gobernador radical de Jujuy, Gerardo Morales. La experiencia de algunos países que han dolarizado sus economías no son muy virtuosas. En El Salvador el sistema “aumentó el endeudamiento de los hogares (por la baja salarial) y empeoró la balanza comercial (por encarecimiento de exportaciones y abaratamiento de importaciones). El Salvador creció menos en lo que va del siglo que sus vecinos de América Central) y no revirtió su desigualdad distributiva”, dice un documento de la Cátedra Abierta Plan Fénix, Facultad de Ciencias Económicas, UBA.

Respecto de Ecuador, sostiene que “creció menos que países como Argentina en el período 2002–2015 y, aun bajo la administración heterodoxa de Rafael Correa, no pudo abandonar la dolarización, demostrando que el camino es prácticamente de no retorno”.

Hay coincidencia casi generalizada respecto de que la dolarización no es el camino, pero tampoco lo es continuar como hasta ahora. El desafío es encontrar los equilibrios macroeconómicos, reducir la inflación y otorgarle sustentabilidad a la economía, lo que no ha sucedido en las últimas décadas con ninguno de los gobiernos que accedieron al manejo del país.

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Viviana Canosa

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