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Editorial

Ganar en pesos pero pensar en dólares

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31 de julio de 2022 - 00:15

Uno de los problemas estructurales que tiene la economía argentina es el bimonetarismo. Es decir, la participación activa y permanente de dos monedas en una economía. En el caso nacional, el peso y el dólar. En las operaciones de la vida cotidiana, salvo algunas excepciones, se utiliza el peso, pero a la hora de ahorrar o invertir aparece el dólar como una moneda alternativa y de resguardo de valor.

La consultora Ecolatina, en un estudio que realizó al respecto, definió las características del fenómeno de la siguiente manera: “Ganamos y gastamos en pesos, pero ahorramos y pensamos en dólares”.

Para mensurar la magnitud de la incidencia de dólar en la economía argentina es útil citar el último informe de Balanza de pagos del INDEC, que indica que 362.000 millones de dólares se encuentran en manos de argentinos, pero fuera del sistema bancario local. Es decir, en viviendas particulares, caja de seguridad de bancos o en inversiones extranjeras. Aproximadamente la mitad del PBI argentino está en dólares en efectivo fuera del sector bancario o en cuentas no declaradas en el exterior.

Además de propiciar la fuga de divisas, el bimonetarismo en la Argentina es la causa principal de las sucesivas crisis cambiarias, que tienen su correlato inevitable en saltos inflacionarios que afectan la estabilidad y producen, entre otros efectos, un deterioro del poder adquisitivo de los asalariados. Y esto sucede no importa cuál sea el perfil económico del gobierno, ni si adhiere a una escuela de pensamiento económico más cercano a la ortodoxia o a la heterodoxia. Por esta razón es que se dice que se trata de un problema estructural.

Además de propiciar la fuga de divisas, el bimonetarismo es la causa principal de las sucesivas crisis cambiarias, que tienen su correlato inevitable en saltos inflacionarios. Además de propiciar la fuga de divisas, el bimonetarismo es la causa principal de las sucesivas crisis cambiarias, que tienen su correlato inevitable en saltos inflacionarios.

La superación del problema no parece ser ni la dolarización plena de la economía, que además de quitarle todo margen de maniobra a la política monetaria nacional, tendría un efecto devastador en los salarios, ni la fijación del cambio por ley, como ocurrió con la Convertibilidad, experiencia que terminó de una manera muy traumática con la crisis del 2001-2002. La solución es lograr que el país tenga una estabilidad macroeconómica sostenida. Es decir, no coyuntural o de corto alcance, sino a largo plazo, de modo de dotar a la economía, y a los actores que inciden en ella permanentemente, de previsibilidad.

La meta de la estabilidad macroeconómica es coincidente para todas las escuelas del pensamiento económico, aunque difieran en cómo es el mejor modo de alcanzarlo. Los dos últimos gobiernos, el actual del Frente de Todos y el anterior de Cambiemos, lo intentaron con estrategias diversas, y no la alcanzaron.

Lograr que los argentinos confíen en el peso y se olviden del dólar es un ambicioso objetivo de difícil cumplimiento. Pero es preciso que la anhelada estabilidad macroeconómica se alcance y tenga permanencia. No es la solución de todos los problemas sino apenas la base para empezar a acometer la resolución de ellos, por ejemplo remover las restricciones que impiden el desarrollo económico con más equidad e inclusión de los sectores con sus derechos vulnerados.

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