EDITORIAL

La llave de la puerta de salida

miércoles, 7 de abril de 2021 · 01:03

En los últimos meses del año pasado, un poco por la prédica de los sectores antivacunas y otro poco por la incertidumbre respecto de la eficacia de los proyectos que laboratorios de distintas partes del mundo venían impulsando, el consenso en torno a las vacunas contra el coronavirus era mucho menor que el que ahora tienen.
En la Argentina hubo, ya en el mes de enero, cuando el gobierno había adquirido millones de dosis de la rusa Sputnik V, hasta una denuncia penal presentada por la dirigente Elisa Carrió contra el presidente Alberto Fernández por “envenenamiento”. Por cierto, la disparatada demanda nunca prosperó.

A medida que el mundo científico fue aportando información, validada según los protocolos existentes, a favor de las vacunas disponibles, y a partir de resultados “en el mundo real” que corroboraron las perspectivas teóricas, la credibilidad hacia las campañas de inmunización creció, del mismo modo que la sensación de que eran la llave que permitiría la salida, en un futuro no tan lejano, de la pandemia que ya lleva más de un año.
Mientras las dudas y la incertidumbre respecto de las vacunas estaban vigentes, los cuidados preventivos, lógicamente flexibilizados en relación con el período de confinamiento que rigió en los primeros meses de la pandemia, siguieron vigentes. Había todavía, hacia fines de 2020, un respeto evidente hacia esa enfermedad que se había convertido en una amenaza para la humanidad. 

Pero a medida que las dudas hacia la efectividad de las vacunas –para evitar contagios o casos graves de la enfermedad- se fueron disipando, los controles se fueron relajando. Al parecer, a juzgar por esa flexibilidad en las medidas de distanciamiento social o uso de barbijo, hay una falsa creencia: que el aceleramiento del proceso de inmunización por la llegada con mayor ritmo de las vacunas –ya no solo la rusa, sino también la china de Sinopharm y la elaborada por Astrazeneca – implica de por sí una solución anticipada del problema. Las concentraciones de gente en espacios públicos y la proliferación de fiestas clandestinas y aun otras alentadas por autoridades de algunos municipios en el país, como se ha podido observar en las noticias de los últimos días, son elocuente prueba de esa errónea concepción.

Las advertencias formuladas por las autoridades de todas las jurisdicciones sobre la llegada de una segunda ola fueron ignoradas por vastos sectores de la población. Y en función de estas inconductas, y no tanto de la llegada del frío, como se pronosticaba, los casos comenzaron a crecer paulatinamente, superando ya los niveles de octubre, aunque se espera que la letalidad sea más baja ahora que entonces por la incidencia de las vacunas, que pueden no impedir los contagios pero si casos graves o fallecimientos.
Las vacunas no son, decididamente, una llave que nos abra de inmediato la puerta de salida de la pandemia. Es una herramienta más cuyos eficacia se empieza ya a advertir pero no serán solución definitiva hasta que una alta proporción de la población esté inmunizada. Mientras tanto, como desde hace un año, la distancia social y el uso del barbijo siguen siendo recursos imprescindibles.

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