Editorial

Números que conmueven

Son números que conmueven por varias razones. Porque muestran...
sábado, 30 de junio de 2018 · 04:18

Son números que conmueven por varias razones. Porque muestran un agravamiento de un problema estructural, porque afecta al sector más frágil de la sociedad y porque la situación de ése sector, pese a su alta vulnerabilidad, es peor que el del resto de la sociedad.


El nuevo informe del Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica (UCA) reveló que casi la mitad de los niños de la Argentina viven en condiciones de pobreza, y que un tercio debe asistir a comedores –escolares o comunitarios- para poder alimentarse.


La pobreza en nuestro país es un problema de carácter estructural. Esto significa, por un lado, que para remover las causas que la provocan se requiere de profundas transformaciones económicas, políticas y sociales. Si éstas no se producen y se sostienen en el tiempo, será muy difícil perforar el piso del 25 por ciento de la pobreza que se arrastra desde que existen las estadísticas. 


Pero también la pobreza es estructural porque es sistémica, es decir, no depende solamente del esfuerzo individual o familiar como pretende hacer creer una visión meritocrática de la sociedad. La movilidad social existe, aunque condicionada fuertemente por múltiples factores, y es cierto que hay personas que con esfuerzo y mucho trabajo logran salir de una situación de pobreza, pero el sistema económico vigente no puede contener a todos si no se dan las transformaciones aludidas. Es un sistema que expulsa pobres a la marginalidad, de modo que así como hay movilidad social ascendente, también la hay descendiente.


La resolución de este problema es una de las deudas pendientes de la Democracia reconquistada hace tres décadas y media. Pero en este contexto hay modelos que tienden a agravar la situación de ciertos sectores. El implementado desde diciembre de 2015 ha contribuido a ensanchar la franja de niños en situación de vulnerabilidad. Solo en el último año creció ocho puntos porcentuales la cantidad de chicos que concurren a los comedores.


El estudio de la UCA no registra todavía el impacto de la devaluación, que incrementó el ritmo inflacionario. Ya los propios responsables de los informes de la Universidad alertaron que en el primer semestre de este año subirán la pobreza y la indigencia en el total de la población, con mayor énfasis en la niñez y adolescencia, indicadores que se conocerán recién hacia fines de año.


Paralelamente, el INDEC informó ayer que en la primera parte del año volvió a crecer la desigualdad. Según informó ayer el Indec, en el primer trimestre se registró una suba del índice Gini, lo que representa una desmejora en la distribución del ingreso tanto respecto del trimestre previo como de igual período del año pasado, una tendencia que se viene manteniendo, con algunos altibajos, desde 2016.


Es probable que los fríos números que arrojan los cuadros estadísticos sean incapaces de transmitir en su verdadera dimensión el drama de la pobreza de la infancia en la Argentina. El desafío para la dirigencia pasa por lograr “hacer carne” los indicadores, es decir, sensibilizarse ante el drama de la pobreza, y generar las políticas necesarias para remover sus causas estructurales. 
 

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