jueves 21 de mayo de 2026
Lo bueno, lo malo y lo feo

Cuando menos, indignante

Por Redacción El Ancasti

De un tiempo a esta parte aparecen publicados en medios gráficos locales y de modo reiterado una serie de notas, avisos oficiales como el caso de la Municipalidad de la Capital y comentarios que no solo son inexactos, sino que hasta pecan de grave desinformación y denotan una supina ignorancia de varios de aquellos que, por sus profesiones o intereses, debieran conocer, denotando como mínimo falta de interés en lo que se refiere a nuestro patrimonio arquitectónico (urbanístico) e histórico. Esto, unido a una suerte de hambre de modificación para firmarlos con nombres propios, terminan alterando nuestros valores más preciados e irrenunciables.

Una lamentable confusión que cuenta con el silencio de los conocedores de nuestra historia y de nuestro patrimonio urbano, adquiere el ribete de ofensa cuando se confunde la Casa de Mardoqueo Molina, tesoro arquitectónico si lo hay, con el loteo de la Viuda de Varela.

El predio adquirido por Mardoqueo Molina y luego vendida al Dr. Teodulfo Castro fue la residencia de ex gobernadores de Catamarca y punto de encuentro de la cultura catamarqueña en el más amplio sentido de la acepción. Allí concurrían, por parentesco y amistad, los más representativos hombres y mujeres de Catamarca y los extranjeros que, como H.C. Ross Johnson, escribieron párrafos imborrables sobre lo vivido en tal ámbito. Solamente por citar algunos de los habituales concurrentes que tengo en conocimiento, aparte de los hermanos Molina, otra pléyade de gobernadores se dio cita en el lugar para tertulias, reuniones de otro orden o simplemente visitas de cortesía. El Dr. Pedro Ignacio Acuña, su hijo Carlos Octavio, posterior morador de aquélla, y el Dr. Rodolfo Acuña, ex gobernador, el ex gobernador Emilio Molina, el Dr. Pedro Sofiel Acuña; Dr. Pacífico Rodríguez, entre tantos otros incluyendo los propios ex gobernadores de la familia Molina de generaciones posteriores. La visita frecuente de Fray Mamerto Esquiú engalana las presencias en tal emblemático ámbito.
Este verdadero tesoro de la arquitectura y de la historia fue un emporio industrial que prácticamente dio origen a las poblaciones de La Chacarita y de Las Chacras en general, a punto tal que hay quienes refieren que el propio Mardoqueo fue donante para la construcción de la iglesia de San Roque. La enorme curtiembre, la maquinaria industrial (algunas de ellas inventadas por el propio Mardoqueo), el sector de diligencias, carros y otros vehículos con tracción a sangre permitieron a Catamarca unirse no solamente a las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe (puerto) sino a la República de Chile. Dado que los hermanos Molina se dedicaron, entre otras cosas, a la minería es oportuno citar a la historiadora Elsa Andrada de Bosh, quien en su publicación “Hallazgos de Investigación” refiere: “…Don Mardoqueo Molina… hombre inteligente y emprendedor fue un trabajador incansable. Pionero en la minería en Catamarca, asociado a su hermano Samuel, con don Adolfo Esteban Carranza y don Samuel Lafone se dedicó a la explotación de las minas de Andalgalá, con el asesoramiento técnico del Dr. Schikendantz. Enfrentaron tales y tan grandes dificultades que hoy no podemos sino mirar con reverencia a ese grupo de visionarios que lograron hacer conocer en el viejo mundo los tesoros de nuestras montañas”.

“El alto costo de algunos elementos que debían importarse de Inglaterra llevó a don Mardoqueo Molina a intentar fabricarlos en Catamarca. Y en efecto logró, tras ímproba tarea y repetidos ensayos, fabricar pólvora con salitre del Pipanaco y producir un ladrillo refractario tan bueno como el que venía de Europa, utilizando el caolín de Siján. Este ladrillo, al que llamó “Mardoqueo”, obtuvo el Primer Premio, medalla de oro en la Exposición Nacional de Córdoba en 1871. Tuvo en su finca de La Chacarita un gran establecimiento de curtiembre dirigido por un técnico italiano por él en Buenos Aires”.

“Fabricó vinos y aguardiente de excelente calidad e instaló un trapiche con el que fabricaba azúcar”.
También se sabe por tradición familiar que se acuñó la primera moneda de plata y que se inventaron máquinas industriales como la enfardadora de Mardoqueo, entre otros. 

Otros aportes de
Don Mardoqueo Molina 
Asociado a su hermano Samuel y a Don Adolfo Carranza se abocó a la comunicaciones viales, tal el caso de la construcción de la Cuesta del Totoral y el mejoramiento de otras vías del Oeste catamarqueño. Fue el único gobernador que, al dejar su gobierno, la población le obsequió un espectacular libro con firmas de los habitantes y un muy sentido agradecimiento por su pujante y honesta entrega a la comunidad.

“La gran Casa Molina Hermanos -cita la Lic. Elsa Andrada de Bosh, acorde a lo apuntado en la Historia de Catamarca del Padre Ramón Rosa Olmos- operaba en ramos generales, almacén, ferretería y fue la primera librería catamarqueña. El primer librero, Don Mardoqueo Molina, por su espíritu inquieto realizó un contrato con los libreros franceses Lucién e hijo por el cual éstos le enviaban libros para que los vendiera por cuenta de ellos. Así llegaron a los hogares catamarqueños innumerables obras clásicas de literatura, filosofía, etc. 

Gracias a estos nobles libreros fue también el directo gestor de la compra de la primera imprenta que llegó a Catamarca en 1857, por iniciativa de ilustres ciudadanos.
Queda mucho por decir de Mardoqueo y Samuel Molina, sus hijos y familiares, quienes fueron decisivos para el renombre de Catamarca en el conjunto de provincias argentinas y de la Nación.
No reconocer o antojadizamente ignorar a estos prohombres y sus obras es, francamente, imperdonable.

Alberto Lindor Ocampo

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