Hace unos días, un medio digital de Tucumán publicó una nota periodística con un sugestivo título: "Primer logro del Plan Belgrano”. El logro al que se refería el artículo era, en rigor, de orden personal del coordinador del Plan, José Cano, que se mudó de su tradicional vivienda familiar a un lujoso country de la ciudad de San Miguel de Tucumán.
Por cierto, si bien aludía a un hecho real, se trataba de una ironía del medio respecto de la sensación generalizada de que el mencionado plan, que fue presentado como un proyecto muy ambicioso de progreso para el Norte argentino, no termina de arrancar. Es decir, no permite que se adviertan "logros”, obras que se estén ejecutando, luego de los nueve meses transcurridos desde que asumió la administración que encabeza Mauricio Macri.
La visita del propio Cano a nuestra provincia, acaecida el pasado martes, intentó calmar las ansiedades. En la oportunidad, aseguró que una obra emblemática y largamente postergada como es la construcción del Complejo Hidroeléctrico Potrero del Clavillo se va a licitar en los próximos meses, y está incluida en el anteproyecto de Presupuesto nacional 2017.
En este mismo espacio se ha recordado en varias oportunidades la historia de frustraciones que ha padecido este emprendimiento. La construcción de la represa en la zona de Aconquija, en el límite con la provincia de Tucumán, fue anunciada en 1974 pero su concreción abortada por la dictadura militar de Jorge Rafael Videla. El proyecto fue cajoneado durante mucho tiempo, pero fue reflotado en el último lustro, generándose justificadas expectativas respecto de su efectiva realización.
Incluso el proyecto fue incorporado a, por los menos, tres presupuestos nacionales aprobados por ley del Congreso. Tal formalidad, no obstante, no tuvo ningún efecto práctico, pues la obra ni siquiera se llamó a licitación.
Potrero del Clavillo, cuando alguna vez empiece a funcionar, generará el triple de la energía que producen las centrales hidroeléctricas del NOA: Cabra Corral, El Tunal, Río Hondo, Los Quiroga, El Cadillal, Escaba y Pueblo Viejo. Entre todas arrojan 72 megavatios, contra los 240 o más que saldrían de la postergada presa catamarqueña, según las estimaciones contenidas en el proyecto original.
Pero además permitiría el control de crecientes de los ríos de la zona, evitar la erosión que producen y utilizar el agua para el riego de miles de hectáreas de su zona de influencia, favoreciendo de esa manera a la producción agropecuaria.
No sería justo, en función de la historia de desencantos que rodea al proyecto, adoptar una postura pesimista, adelantando fracasos que, esta vez, no tienen por qué repetirse.
De modo que en su calidad de nuevas autoridades gozarán del crédito necesario para alentar con entusiasmo este emprendimiento.
Pero los frutos deberán verse pronto, sin dilaciones, porque para espera ya han pasado estos nueve meses pelados de obras en todo el territorio provincial y en casi todo el norte argentino, salvo algunas jurisdicciones políticamente más afines a la identidad de la fuerza gobernante a nivel nacional.