La
necesidad de ajustar los gastos excesivos del Estado provoca a veces, si las decisiones
que se adoptan para tal fin no siguen criterios racionales vinculados a
garantizar servicios que el sector público presta, la afectación de programas
que vienen cumpliendo funciones de promoción y asistencia u otras valoradas por
la comunidad, e incluso esenciales para la ejecución de políticas que el propio
gobierno considera prioritarias.
Con el
argumento de que las oficinas estatales están llenas de ñoquis, o como dijo el
propio presidente Mauricio Macri ayer, que el Estado ha creado empleo
artificialmente, la gestión que el 10 de diciembre asumió los destinos
nacionales ha reducido la planta del personal, recortado presupuesto, eliminado
áreas y reestructurado otras.
Este
tipo de intervenciones han logrado, efectivamente, erradicar a numerosas
personas que cobraban sin trabajar, la mayoría de los cuales ocupaban esos
cargos por su militancia política. Pero también ha desfinanciado programas y
políticas que venían funcionando eficazmente.
Programas
vinculados a la salud comunitaria se han visto afectados por despidos –más de
140 médicos que se desempeñaban en territorios donde habitan sectores
vulnerables ya no cumplen funciones- y la falta de presupuesto para el
combustible de vehículos, lo cual constituye un serio problema en un contexto
sanitario de avance del dengue y otras enfermedades endémicas y epidémicas.
Asimismo,
el Programa de salud sexual y reproductiva tiene un impacto más reducido por el
despido de profesionales. También se han registrado despidos en áreas de Salud
Mental y Maternidad e Infancia.
También
se ha visto desfinanciado el programa Progresar, por lo que en la actualidad
dejaron de percibir el beneficio 360.000 jóvenes. Los beneficiarios eran más de
960 mil en noviembre pasado y en abril de este año se redujo a 600 mil, según
informó el propio Gobierno.
Y
también están prácticamente sin funcionar los programas Asistir y Más y Mejor
Trabajo o con trabajo resentido por falta de recursos y finalización de
contratos la Secretaría de Agricultura Familiar.
Pese a
que el combate contra el narcotráfico ha sido mencionado durante la campaña
como una de las prioridades del gobierno en funciones, se han producidos
despidos que afectaron la planta de personas en pasos fronterizos de Salta,
Misiones y Mendoza.
Sectores
de la cultura y la educación lamentan el desfinanciamiento del programa de
Coros y Orquestas para el Bicentenario del Ministerio de Educación, que fueron
transferidos a los municipios, pero sin fondos. Igual suerte corrió el programa
Conectar Igualdad, que podría ser tercerizado.
Los
gremios estatales denunciaron el despido de trabajadores que se desempeñaban en
los Centros de Acceso a la Justicia (CAJ), que brindaban asistencia jurídica
gratuita a la comunidad.
Por otra
parte, la fiscal del juicio por la causa ESMA, Mercedes Soiza Reilly, acaba de
expresar su preocupación por los despidos y el desmantelamiento de importantes
áreas dedicadas a la investigación de lo ocurrido durante la última dictadura,
lo que podría afectar la continuidad de los juicios de lesa humanidad.
La
política de racionalización del Estado debe apuntar a tornarlo más eficiente.
De lo contrario, los costos pueden ser más altos que los ahorros financieros.