lunes 8 de diciembre de 2025
Opinión

Valor cultural de los caminos históricos

Por Rodolfo Schweizer -Especial para El Ancasti-Septiembre 2016

Por Redacción El Ancasti
Cuando hace pocos días este medio publicó las quejas de algunos vecinos de La Falda de San Antonio sobre el uso del Camino Real por algunos irresponsables e incivilizados como vertedero de sus basuras o desperdicios, no pudimos menos que acordarnos de una vieja zamba de Rafael Laborda, que hablaba del maltrato a esos viejos caminos o sendas de carros que la historia nos legó; caminos por donde alguna vez circuló, de pago en pago, la esperanza de la patria, montada en la grupa de algún leal animal o en la caja de alguna lenta carreta: 

 

Qué solo y triste has quedado

El viento atiza tus llagas

Desnudando tus gijarros.


Tu viste pasar carretas

Con nuestras tropas gloriosas

Viste flamear mi bandera

Cabalgando misteriosa.

Sin embargo, hoy, esa basura que le arrojaron conlleva otro mensaje que lastima el sentimiento:

 

Nada vale lo que fuiste,

Nada vale tu pasado

Y ahora tras de la lomaVas muriendo avergonzado.

La actitud de esos individuos que ultrajaron su historia, no es casual. Refleja en parte la indiferencia social hacia el pasado del cual somos, nos guste o no, su producto.  Llevados por la vorágine de un presente que se construye sobre la veleidad vacía implícita en el goce del instante, no le damos tiempo a la reflexión ni siquiera para preguntarnos quiénes somos, ni de dónde venimos, ni para dónde vamos. Mucho menos para saber lo que el Camino Real significó en la Conquista de América primero y luego en las luchas por la independencia.

Pero esa basura arrojada a escondidas al costado de un camino histórico no solamente se parece a una violación cobarde de la naturaleza, sino que ofende a la memoria que su mera traza convoca y evoca, porque por ese camino de la Falda de San Antonio caminó seguramente Fray Mamerto o pasó algún patriota camino al Congreso de la Independencia en Tucumán. Ofendiendo esa imagen que la intuición genera en nuestra imaginación, se ofende lo que el camino representó en la construcción de la patria. 

Esta desconexión con el pasado es contradictoria, sin embargo, en parte de la sociedad. Por un lado nos conmovemos ante una recordada Selva Gigena cantando "Vuelvo a ti, Catamarca” y por otro no vacilamos en ensuciarla. Nos dejamos llevar al paroxismo por el revolotear de pañuelos que nos demanda una cueca bailada y por otro no nos comprometemos en la defensa de nada cultural. Nos enorgullecemos de llevar un poncho al hombro, pero no valoramos la herencia cultural de la tejedora que hizo posible tejerlo.

Con los caminos pasa lo mismo. Dejamos de lado y relegamos al olvido los sacrificios que nuestros mayores tuvieron que hacer para imponerle a la naturaleza una vía de comunicación. Pasamos por alto que sin ellos no hubiera sido posible la conexión cultural que al final permitió crear y desarrollar nuestra propia cultura. Porque los caminos, como el que pasa todavía por San Antonio representa eso, el mismo pedacito de espacio que pisaron nuestros patriotas y quizás nuestros propios abuelos. 

Por ello qué mejor que lanzar un desafío desde aquí: el de convocar a la misma UNCa para que desde sus departamentos de historia, geografía, arqueología, etc., junto a las áreas de cultura de la provincia y los municipios se avoquen a recuperar ese patrimonio histórico representado en los caminos de antaño. Después de todo, la historia no pasa solamente por los textos heredados durmiendo en un museo, sino también por las herencias tangibles de las cosas que nuestros antepasados construyeron y usaron para enfrentar sus necesidades, y que todavía están a nuestra vista. Esos departamentos académicos tienen la forma de acceder y la capacidad como para contribuir a la recuperación de ellos.

Permítaseme recordar ahora algunos caminos históricos que merecen nuestro esfuerzo para no dejar que se los trague el tiempo y el olvido. No son los únicos, por supuesto. Nos referimos aquí a los cercanos a la Capital y al Este provincial. Los del Oeste los dejamos para que algún coterráneo de mi querido y recordado amigo don Joselín Cerda Rodriguez los enumere, recordando de paso los famosos caminos que los Incas y otras etnias nos dejaron. 

Aquí al lado de la Capital misma todavía está el antiguo camino a El Rodeo. A poca distancia de él se encuentra un grupo de cuevas milenarias que sería un deleite y una notable fuente de ingresos en cualquier país de Europa. ¿Por qué no aquí? Este camino tiene todas las características para ofrecer turismo de aventura. ¿Qué visitante europeo no se deleitaría con una cabalgata hasta El Rodeo, a caballo, siguiendo su traza? Aclaremos que ya hay en el mundo turistas que pagan por este tipo de excursiones, incluso en lomo de burro. 

En el Este catamarcano está el antiguo "camino de tropa” que iba desde Las Cañas a Icaño pasando por Achalco, Choya Viejo, Albigasta, Anjuli y Babiano, camino que existía antes que la Ruta 157 y el FF.CC. Belgrano se hicieran realidad. Era parte de la conexión entre Tucumán y La Rioja. Por ahí pasó Antonino Taboada con sus tropas, cuando fue y volvió de la Batalla de Pozo de Vargas, descansando de paso en Las Cañas por varios días. ¿Alguien puede rescatar esta información y poner aunque sea una placa informando esto en esa localidad?

Aquí nomás en Huaycama estaba hace unos años el camino hacia el sur, hacia La Rioja y sin duda Córdoba, camino extendido a lo largo del faldeo del Ancasti. Ese camino estaba limitado por alambrados en sus costados allá por finales de los 80, totalmente cubierto por la vegetación al haber sido abandonado. El mismo estaba a pocos metros de la que creíamos entonces fue la casa de los padres de don Felipe Varela, entonces una tapera de la que quedaba apenas algo más que los cimientos. 

Y ya que de don Felipe hablamos, todavía aparece en los mapas satelitales el lugar identificado como Las Mesillas, ya en territorio riojano, ahí nomás en una entrada de la ruta que hoy nos une a La Rioja. En Las Mesillas era donde nuestro héroe federal esperaba encontrar una represa con agua para calmar la sed de sus tropas, camino al fatídico Pozo de Vargas. La encontró vacía, lo que explicaría el estado de inferioridad de sus tropas ante la sed en la cruenta batalla.

Obviamente, este lugar estaba sobre un camino original que no iba por la traza actual de la ruta. Al mismo se lo encuentra, digamos que, por detrás de Chumbicha, el cual obviamente merece al menos reconocerlo y prolongarle la vida por su valor histórico. 

Pregunto ahora si el camino que va por arriba de la Sierra de Gracián de San José de Fray Mamerto Esquiú y sale al sur de Palo Labrado, para luego seguir el camino viejo a La Merced no era parte de la ruta que nos unía a Tucumán, mucho más antes que la Cuesta vieja del Totoral o la más nueva, lógicamente.

Obviamente, no reclamamos para estos viejos caminos el asfalto porque los ofendería y porque tampoco tenemos los recursos económicos para afrontarlos. Tampoco pretendemos que se dejen intactas las huellas que dificultan su tránsito, aunque sí reclamamos su aplanamiento y desmalezado como para evitar que pasen a la categoría de tierra de nadie y sean alambrados por algún aspirante a estanciero, que no faltan. 

Entendemos que recuperar el valor de un antiguo camino no es gratuito. Sin embargo, la recuperación de sus trazas y su limpieza bien se podrían financiar desarrollando el turismo de aventura de base histórica, con la ayuda de agentes de turismo que informen sobre su historia.

En los países desarrollados es normal encontrar este tipo de apoyo a través de guardaparques, que para el caso nuestro bien puede residir en los propios municipios cercanos a estos caminos o que aún los atraviesan. 

En este sentido es loable la decisión del gobierno de recuperar La Alameda y la casa donde viviera el legendario compadre de don Felipe Varela, don Octaviano Navarro. Sería bueno que también se incluyera en estos procesos de recuperación la casa del gobernador Cubas, en Santa Cruz, una mansión derruida de la cual todavía quedan sus columnas estilo neoclásico. 

Por Villa Dolores también sabía estar la casa de Felipe Varela, donde tuve la oportunidad de conocer hacia 1989 a su propietaria, propiedad que luego cambió de manos. Desconozco su destino final.

En conclusión hay infinidad de hitos históricos que hablan a la memoria colectiva de nuestra sociedad. Nuestros viejos caminos también lo hacen. Sin la ayuda de ellos no se habría construido esta república.

Poniendo nuestros pies sobre ellos y caminándolos todavía podemos acceder a esa unión mística con quienes nos precedieron en su uso. Después de todo la patria no es otra cosa que un sentimiento nacido de la comunión espiritual con aquellos que pisaron las mismas piedras que el destino nos puso por delante.

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