miércoles 25 de febrero de 2026
Análisis

Reflexiones urgentes sobre el proyecto de "reforma" de la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección de Glaciares

Por Horacio Machado Aráoz. Colectivo de Ecología Política del Sur. Investigador Independiente de Conicet (IRES). Docente de la Facultad de Humanidades (UNCA).

0.- El contexto (histórico reciente) es que somos un país crecientemente recolonizado por el capital transnacional

Cada vez más, se ha operado un cambio socioterritorial profundo que ha avanzado desarticulando los entramados socioeconómicos territorial y tecnológicamente más complejos, en pos de la expansión de diferentes tipos de enclaves extractivistas que han operado un proceso de simplificación, uniformización y vaciamiento territorial para subsumir esos nuevos fragmentos territoriales a la dinámica de acumulación global, como bases estrictamente proveedoras de materias primas.

No hay que olvidarlo: la desindustrialización = reprimarización de la economía fue el proyecto de la dictadura. Hoy más que nunca, hay que tener Memoria y Consciencia de qué significa esto. No es sólo un cambio en la matriz productiva, sino una drástica transformación de la estructura social y de la ecuación política real del país. Socialmente, hay una pulverización de los niveles de integración, complejidad y desarrollo social alcanzado en los ’70. La pérdida de empleos de calidad y la caída del salario real no sólo han erosionado la “clase media”, sino que han producido una sociedad nueva, fragmentada: crecientemente dualizada, con una pirámide de anchos estratos pauperizados y excluidos y una cúpula cada vez más concentrada. La precarización social se experimenta no sólo en las condiciones materiales de vida, sino en todas las dimensiones sociales: en la degradación de la salud, de la educación, de la cultura general de la población. La concentración económica se expresa políticamente en una estructura cada vez más autoritaria: hay actores poderosos que tienen el poder fáctico de imponer su agenda al aparato estatal, independientemente de quién esté al frente de su ‘gobierno’.

1.- Sobre el proyecto de reforma de la ley, políticamente, es relevante preguntarse: a) ¿quién legisla? Y b) ¿en función de qué legisla?

La primera cuestión es central: mientras que la sanción de la actual Ley de Glaciareses un logro popular, una iniciativa legislativa que nació desde abajo y desde afuera del poder institucional y que, mediante procesos de movilización popular, de ejercicio de la democracia participativa, halló eco en ciertos legisladores (Marta Maffei, la gran impulsora, pero también Daniel Filmus que en su momento jugó un papel articulador clave) que permitieron finalmente su sanción, ahora estamos en un proceso inverso. Como cuando la entonces presidenta CFK vetó inicialmente la ley, ahora, quienes vienen contra la ley son los mismos intereses corporativos extractivistas que quieren expandir su frontera de explotación mineral. Las grandes empresas transnacionales -a diferencia de los ’90, cuando entraron al país tras la Ley 24916- ahora no están solas; han construido un conglomerado de poder muy compacto y eficaz, con alianzas en burguesías rentistas locales (tanto políticos como comerciantes y minoritariamente una fracción de clase profesional que ha encontrado su nicho en los staffs gerenciales de las grandes transnacionales y/o creando sus propias “empresas” subsidiarias y contratistas). La actual iniciativa de reforma es un proyecto desde arriba, desde actores concentrados con intereses estrictamente financieros y ultra-minoritarios, que busca arrasar una legislación construida y lograda desde abajo.

La segunda cuestión implica, en el fondo, el antagonismo de dos criterios: el de la rentabilidad versus el de la habitabilidad. Quienes buscan voltear la ley, ven los territorios desde la óptica no sólo reduccionista sino anacrónica de obtención/extracción de la máxima rentabilidad potencial. El argumento es explotar, para exportar, para generar ingresos fiscales, para generar ‘empleos’, blablablá… Para ellos, lo que vale en los territorios es lo que puede ser explotado y valorizado en el mercado mundial. Ven las montañas sólo como fuentes de renta. Lógico, esa renta extractiva ‘se derrama’ localmente, pero muy, muy poco y de una manera abismalmente desigual. Sólo grupos privilegiados y familias históricas en el poder (propietario y estatal) son las que mayor tajada pueden sacar de este derrame rentista… A nivel estructural, el extractivismo consolida oligarquías patrimonialistas, rentistas, y eso es muy funcional a un clientelismo asistencial como estrategia de ‘gobierno’.

Frente a ello, la defensa de la integridad socioecológica de los territorios se hace en base al principio de resguardar su habitabilidad. La habitabilidad no es un dato geográfico; es una producción sociohistórica. Los territorios se hacen habitables o no, por obra y gracia de la acción humana. La habitabilidad no es un atributo fijo; precisa ser preservada y mantenida. Depende crucialmente de qué y cómo se produce la subsistencia y la vida social en esos territorios, qué tipo de economías se practican allí. Las economías de subsistencia (prejuiciosamente estigmatizadas como ‘pobres’) pueden no ser tan rentables y nunca llegarían a los niveles de rentabilidad (de corto plazo) de actividades extractivas, pero sí son altamente redituables para el sostenimiento de la vida. Y altamente redituables a mediano y largo plazo. La sostenibilidad de la habitabilidad no es un principio regresivo ni conservador; es un principio más que realista y más que pertinente para los tiempos que corren y para el nuevo estado de la Tierra.

2.- Esta “reforma” viene a profundizar un proceso de despojo ya en marcha

El despojo es socio-ecológico y, por tanto, es perfectamente coherente con el proyecto de “reforma” laboral, que también se está impulsando. Ambos proyectos, no son de “reforma” sino de aniquilación de lo poco que queda en materia de derechos y de resguardos mínimos para la vida de las poblaciones, en cuanto habitantes y en cuanto trabajadoras.

Es importante comprender que no se trata de dos proyectos que no tienen nada que ver, sino que, por el contrario, son dos caras y dos dimensiones de un mismo proceso de despojo. Ambos apuntan a la entrega de las dos fuentes básicas de riqueza (el territorio y la fuerza de trabajo) al poder discrecional del capital transnacional más concentrado. La eliminación de los presupuestos mínimos de protección de glaciares es la supresión de la barrera que hoy -formalmente y de manera muy precaria- está protegiendo las nacientes de las aguas de su destrucción. Y también está protegiendo a las comunidades agrícolas-criadoras-artesanales, que brotan “aguas abajo”. La destrucción de glaciares es destrucción de sus trabajos y sus economías de subsistencia. Impacta socialmente como factor de vaciamiento de los territorios: desplazamiento de capacidades productivas endógenas y despoblación final. Esa población desplazada va a engrosar una urbanización precaria y ultra dependiente en cabeceras departamentales y provinciales. Son poblaciones que pasan a engrosar un “ejército de reserva” ahora de “trabajadores uberizados”, mano de obra puesta a disposición para condiciones laborales de ultra-explotación, que es lo que la “reforma laboral” quiere venir ahora a instalar como norma y como parámetro de “justicia”. Así, vaciamiento territorial - desplazamiento poblacional - condiciones de ultra-explotación de la fuerza laboral son tres momentos y efectos de un mismo proceso de despojo.

3.- Por último,es fundamental comprender que un glaciar no es “un pedacito de hielo”

Sea grande o pequeño, no es una unidad aislada, ni fragmentable. Con-forma un sistema. Un glaciar es un órgano vital, el más fundamental, el más complejo y frágil a la vez, de un sistema (socio)hidrológico (cuenca). Es la geoforma que da lugar al nacimiento de las aguas y del que depende la cantidad, calidad y disponibilidad de éstas, “aguas abajo”, a medida que descendemos por las curvas de altitud de las geografías montañosas. En el caso de nuestra provincia, todas nuestras cuencas (socio)hidrológicas nacen y dependen de las altas cumbres de nuestras montañas. El agua disponible en los valles poblados depende decisivamente de lo que acontezca en sus nacientes. Eso fue y es el fundamento científico que le da soporte y legitimidad a la actual ley de glaciares. Desprotegerlos ahora, como se pretende con esta reforma, es lisa y llanamente desproteger a las poblaciones que -lo sepan o no- viven y dependen hidrológicamente de esas altas cumbres.

En el caso de nuestra provincia de Catamarca, es imperioso incluso ir más allá de la actual Ley que -como se sabe- sólo establece bases mínimas de cuidado. Precisamos preservar todas las altas cumbres nacientes de aguas. Independientemente de la existencia de glaciares, necesitamos resguardar todas las zonas de recarga hídrica, porque vivimos en una provincia extremadamente árida y las economías locales dependen crucialmente de las aguas que nacen de sus montañas. Esa es la verdadera reforma que necesitamos.

4.- Finalmente, necesitamos una racionalidad acorde al estado actual de la Tierra. En tiempos de crisis climática, descuidar las aguas, entregar las nacientes para su explotación, es lo más anacrónico, lo más irracional y lo menos realista que se puede concebir. Guiarse por el rentismo hoy es anacrónico. Científicamente, pero, sobre todo, social y políticamente. Hoy la preservación de la habitabilidad de los territorios constituye el valor más preciado y crucial para cada población local; para toda la humanidad. Vale tener presente las conclusiones de una investigación sobre el actual estado de la Tierra, suscripta por más de 15.000 científicos de distintos países:

“Los efectos del calentamiento global son cada vez más graves y existen posibilidades como un colapso social mundial que son factibles y peligrosamente poco exploradas. Se estima que, para fines de este siglo, entre 3.000 y 6.000 millones de personas (aproximadamente entre un tercio y la mitad de la población mundial) podrían encontrarse confinadas más allá de la región habitable, enfrentando un calor extremo, una disponibilidad limitada de agua y alimentos y tasas de mortalidad elevadas debido a los efectos del cambio climático. Las condiciones se volverán muy angustiosas y potencialmente inmanejables para grandes regiones del mundo. (…) Advertimos sobre el posible colapso de los sistemas naturales y socioeconómicos en un mundo así, donde enfrentaremos un calor insoportable, frecuentes fenómenos meteorológicos extremos, escasez de alimentos y agua dulce, aumento del nivel del mar, más enfermedades emergentes y un mayor malestar social y conflicto geopolítico.”[1]

Dado este estado de la Tierra, descuidar la habitabilidad es lo más desquiciado que se puede hacer. Es cierto que sacrificar la habitabilidad en aras de la rentabilidad no es un problema sólo local, sino global. Podría decirse que parece ser el “espíritu de la época”. De hecho, el hombre más rico y uno de los más poderosos del mundo está destruyendo la habitabilidad de la Tierra, juntando montañas de dinero y soñando con poder ir a vivir en Marte. Pero también es cierto: mal de muchos, consuelo de tontos.

Las élites políticas, cómplices del poder corporativo, otorgan concesiones para un negocio de pocos, dando la espalda a los intereses generales y de largo plazo de la población a la que deberían representar. El vaciamiento territorial, el despojo de las aguas y los suelos, no sólo se traducen en un régimen social que somete a la población a condiciones extremas de precariedad y de súper-explotación laboral, sino que también operan la destrucción de las formas más elementales de un sistema democrático. A cincuenta años del golpe, la lucha por la democracia y por la defensa de los derechos humanos es hoy una ardua tarea pendiente que tiene como principales obstáculos a quienes nos dicen representar. Sin glaciares no tendremos agua. Sin agua no hay ciudadanía que sobreviva.

[1]Ripple, William J. Christopher Wolf , Jillian W. Gregg, Johan Rockström, Thomas M. Newsome, Beverly E. Law, Luiz Marques, Timothy M. Lenton, Chi Xu, Saleemul Huq, Leon Simons and Sir David Anthony King (2023) “The 2023 state of the climate report: Entering uncharted territory”. BioScience, 73, 841–850. Ripple, William J. Christopher Wolf , Jillian W. Gregg, Johan Rockström, Thomas M. Newsome, Beverly E. Law, LuizMarques, Timothy M. Lenton, Chi Xu, Saleemul Huq, Leon Simons and Sir David Anthony King (2023) “The 2023 state of the climate report: Entering uncharted territory”. BioScience, 73, 841–850.

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