Todas las hojas son del viento, dijo alguna vez Luis Alberto Spinetta. Pudo ser su forma de decir que todas las personas son de la muerte y el olvido. O quizás no, tal vez solo dio la casualidad de que en su ventana era otoño. Eso es lo maravilloso de algunas metáforas, que vuelan con alas propias y para cuando alzamos la vista ya están en significados lejanos.
Pero si de metáforas del olvido hablamos, como olvidar –justamente- la más controversial de todas: en Ojalá, de Silvio Rodríguez, el cubano habla de “un disparo de nieve” o, según otras opiniones, “un disparo de nievi”. Esta ambigüedad resulta fantástica porque en ambas opciones el resultado sería una imagen literaria perfecta del olvido, en el primer caso por el efecto de lienzo en blanco que tendría la nieve cayendo sobre una memoria y en el segundo por la muerte simbólica del recuerdo a manos del francotirador más mortífero que haya conocido la humanidad. El propio Rodríguez aseveró que la canción dice “nieve”, pero la acabo de escuchar y puedo asegurar que dice “nievi”, por lo cual tengo que pensar que el autor, luego de grabarla, temió alentar de manera involuntaria la resolución de conflictos amorosos mediante rifles de larga distancia, así que se pronunció por la e.
El asunto con el olvido es que nos exige ser inconscientes de él, ignorarlo. En el mismo instante en que caemos en la cuenta de que hemos olvidado algo o a alguien, el olvido desaparece. Es exactamente como cantan Los abuelos de la Nada: “se me olvidó que te olvidé”. Escribir acerca del olvido es difícil porque en realidad el olvido es la nada, cada vez que uno cree escribir sobre el olvido en realidad está hablando de lo que todavía puede recordar. De la nada, no hay nada que decir. En ese sentido, quien mejor lo describió, a mí criterio, es Michael Ende en La historia interminable, al referirlo justamente como la nada (aunque también podría alegarse que hablaba de la desaparición de la fantasía en la mente del niño, otra vez estas metáforas que no se quedan quietas, carajo). Resulta curioso que el proceso que refiere Ende es muy similar –aunque a la inversa- al que cuenta HarukiMurakami al comienzo de Tokyo Blues. Y también me gustaría traer a la memoria, en este tren de reflexión, el tango Nada, cuya letra, de HoraciaBasterra, es una de las más desgarradoras descripciones de lo que ha sido y ya no es.
Todos estos párrafos no hacen más que confirmar lo que vengo diciendo: es imposible escribir sobre el olvido, el olvido es una mariposa que desaparece apenas la atrapamos en nuestra red. Esta misma columna, de hecho, debió ser escrita mucho antes, pero ocurrió lo que seguramente el lector ya adivina: me olvidé de hacerlo, en un homenaje impecable al tema.