lunes 9 de marzo de 2026
Análisis

La planificación que no existe

Por Ingeniero Roberto Diaz

La historia reciente nos muestra que aquel lejano y desconocido paraje en la China continental llamado Shenzhen paso de ser un pequeño poblado de pescadores a una floreciente megalópolis de más de 18 millones de habitantes en tan solo 35 años. No es la única ciudad de aquel país que ha tenido y tiene un crecimiento sostenido. Eso también se ha desarrollado en cientos de ciudades y miles de poblaciones más pequeñas, para nosotros desconocidas. Usaré ese paradigma para comparar lo que pasa en Catamarca y poner en evidencia lo que falta: planificación.

Durante la segunda década de este milenio el gobierno provincial lanzo un ambicioso plan habitacional al que llamó Valle Chico, un conglomerado urbano ubicado al sudoeste de San Fernando del Valle de Catamarca, en el pedemonte cercano de las Sierras de Ambato y políticamente radicado a las márgenes del Río Ongolí, en el departamento Capayán.

Con un sostenido crecimiento urbano y una expansión este emprendimiento estatal es hoy en día una ciudad satélite de aquella que le diera origen. Desde lo catastral es algo así como la “Alaska” de la ciudad Capital. Ya que es ese municipio el que se ha hecho cargo de algunos servicios esenciales. Vaya uno a saber por qué razones Valle Chico, a pesar de encontrarse en Capayán, depende políticamente de la Capital.

Esto es, sus habitantes votan y cuentan con un domicilio en un departamento que no es. En la actualidad, y de acuerdo a información del propio gobierno, ese conglomerado urbano cuenta con una proyección de 4.000 unidades habitacionales, encontrándose en construcción al menos 200 viviendas más. Esto nos da una cantidad superior a los 15.000 habitantes a la fecha. Cifra que pone a este centro urbano por encima de municipios como Fiambalá ,Pomán, Icaño, Los Altos, El Rodeo, Ancasti, o Paclín por mencionar algunos.

Cuenta así Valle Chico con suficientes argumentos para ser considerado no un barrio, sino un municipio o incluso un departamento. Pero no es mi intención llevar el análisis por allí. Volviendo al punto inicial trataré de hacer una comparación de lo que en China es la planificación centralizada del gobierno como política pública sostenible y de lo que Catamarca carece: Planificación de la Política Pública. Una inversión de recursos públicos y privados de semejante envergadura merece más que una mínima planificación urbana.

Requiere de procesos que nos permitan no solo imaginar sino concretar el despegue de lo que hasta hace unos años era un campo. Se necesita en esto una apertura ideológica para entender que el desarrollo y el crecimiento no son lo mismo y que cualquier centro urbano necesita una proyección de muchas cosas para ser viable en el corto, mediano y largo plazo. Así como Shenzen es considerado un “experimento social” a gran escala, deberíamos aprender lo que les permitió expandir ese modelo exitoso a otros lugares.

Vamos a los ejemplos: expandir una red de servicios acordes a un posible desarrollo tecnológico local, entendamos no solo con la ampliación de la red de fibra óptica a nivel de viviendas sino con la posibilidad concreta de radicar empresas del conocimiento. Utilizar la capacidad de viviendas para instalación de paneles solares que alimenten a la red troncal, radicación de empresas que brinden más que los servicios esenciales del comercio, desarrollo de lo que se conoce como agricultura urbana, aprovechamiento de la costa del rio Ongolí con fines recreativos y eventualmente productivos y de conservación del monte nativo, planificación adecuada del escurrimiento del agua excedente en épocas de lluvias, construcción de edificios escolares para una población juvenil que ya habita ese lugar, radicación de la UNCa en el mismo enclave o sus cercanías, mejora del acceso mediante puentes que permitan una mayor fluidez del tránsito, desarrollo de infraestructura deportiva de alto rendimiento, generación de propuestas mínimas que entre otras cosas deben ser debatidas por los pobladores de Valle Chico.

Aquí la idea del Presupuesto Participativo debería tener un desarrollo que nos permita como sociedad mejorar esta Democracia. Debatir y planificar van de la mano. El estado tiene la obligación de escuchar a sus ciudadanos, quienes de manera responsable deben hacer el ejercicio de imaginar un futuro mejor y de más integración. Estamos a tiempo, lo bueno que se realizó deber ser protegido, lo que esta mal debe ser corregido y lo que no se planificó deber ser planificado y ejecutado tal como se planifica. Se sorprenderían nuestros dirigentes (oficialismo y oposición) la interesante gente e ideas de quienes habitan Valle Chico.

Hay que animarse a pensar un futuro mejor, a crear, a dar oportunidades, a dejar de pensar y accionar en chiquito. Hay en definitiva que cambiar este paradigma capitalista dependiente de reiterados fracasos y pasar a una planificación ordenada, consensuada pero que sea asertiva. La planificación de los recursos públicos (que son de todos) es una responsabilidad de quien gobierna, existen metodologías para hacer esto. Elevar el nivel de la discusión política es fundamental, aprovechar esta oportunidad será para que entre todos podamos hacer una mejor existencia.

Estudiar lo que hace China no nos convertirá en chinos, nos convertirá en una sociedad que entiende como un país pudo sacar a millones de la pobreza en pocos años y analizar que de aquello se puede replicar a nuestra realidad. Al final es como dijo Deng Xiaoping: “que importa si el gato es blanco o es negro, mientras cace ratones”.

Nota del autor: La foto que ilustra esta opinión fue tomada en el CAPE en el mes de febrero de 2026 y corresponde al Pabellón del Ministerio de Obras Públicas. Edificio “planificado” en un lugar bajo el nivel y que con la ocurrencia de lluvias se inundará. Una muestra clara de la falta de la más mínima planificación.

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