viernes 12 de julio de 2024
Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Hora de irse

Por Rodrigo L. Ovejero.

A través de los años he desarrollado una habilidad que considero de suma utilidad social y privada, y por eso, porque considero a esta columna un servicio a la sociedad –prácticamente un sacerdocio- me propongo compartirla con el lector. Me refiero a que, con un margen de error prácticamente inexistente sé exactamente cuándo retirarme de una fiesta. He aquí entonces una serie de consejos acerca del momento adecuado para retirarse de eventos sociales de carácter festivo. Dejaremos las instrucciones para retirarse de un velorio para otra oportunidad.

¿Cuántas veces ha sentido que debió haberse ido antes de una fiesta? Lo primero que hay que decir es que la mayoría dura demasiado, así que en caso de duda acerca de quedarse o irse, váyase. Es posible tomar esta sugerencia como antisocial, pero la sociedad está sobrevalorada. Para no equivocarse, un buen parámetro es el pico de la alegría, el cual suele alcanzarse en el momento del trencito que se hace durante el baile. Luego de ese punto la reunión solo puede ir a menos, la gente empieza a danzar con vasos en la frente y corbatas como vinchas, así como otros espectáculos igual de indignos.

El sol es otra señal. Si el sol está saliendo se está cruzando la frontera entre salir de fiesta y salir de caravana, y nada bueno puede salir de una caravana. La caravana no es más que la resaca de la fiesta, una extensión sin vida propia, cenizas de euforia que solo recuerdan el calor de las horas anteriores. Es importante entender que toda fiesta debe terminar, y los intentos por mantenerlas con vida solo pueden ser exitosos en la ficción, como en el caso de la fiesta más larga del universo a la que hace referencia La guía del autoestopista intergaláctico de Douglas Adams –no recuerdo en cuál de los episodios estaba- la cual lleva cuatro generaciones sin señales de que vaya a terminar (once años atrás un tipo miró el reloj pero luego siguió bailando). Ese es el motivo por el cual los casinos no tienen ventanas, por ejemplo.

Una situación que puede generarnos confusión es la aparición del cotillón. Para ese caso, recuérdese lo apuntado en el segundo párrafo: en caso de duda, váyase. Si, contra todo el sentido común, decide quedarse ante la aparición de sombreros desproporcionados y maracas de plástico con forma de frutas y verduras, entienda que se encuentra en un segmento de la fiesta cuya energía es artificial, provocada mediante la utilización de artefactos que pretenden inducir a la alegría, sentimiento que no debería alcanzarse mediante el uso de un aerosol de espuma. Para ser más claro, si la fiesta fuera una persona, el cotillón sería un desfibrilador.

Muchas otras situaciones deben ser resueltas en la práctica, el contexto es muy importante, no es lo mismo una reunión laboral que una familiar. En todo caso, un método que siempre me ha resultado útil es el índice SMJQXP (sándwiches de miga de jamón y queso por persona). Si este indicador es menor a uno, el momento de marcharse no está lejos.

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