EDITORIAL

Candidatos, idoneidad y repartija

martes, 27 de julio de 2021 · 01:00

El cierre de listas del fin de semana y las negociaciones previas, que duraron varias e interminables jornadas, ratificaron la añeja costumbre que caracteriza a estas instancias en la política lugareña: el privilegiar el reparto de espacios entre partidos y agrupaciones por sobre una selección de precandidatos en función de sus capacidad o virtudes para ocupar un cargo legislativo. Lo dicho vale para las fuerzas de todo el arco político.

Por supuesto, hay excepciones: en algunos casos el criterio que se utiliza para nominar al precandidato es la capacidad del postulante o su idoneidad para abordar algunos temas de importancia parlamentaria. Esa idoneidad puede ser tanto en algún campo específico o su habilidad para negociar, para argumentar o, incluso, su sensibilidad para analizar –y tratar de solucionar- los problemas sociales. Estos candidatos idóneos suelen estar en los primeros lugares, para atraer a los ciudadanos que emiten su voto. Luego se encolumnan los demás.

La aclaración precedente es necesaria para que se entienda que no se trata de una postura que intenta discriminar entre cuadros técnicos y políticos, una clásica distinción que conlleva en la medular de la controversia enfrentamientos la mayoría de las veces estériles. La idoneidad no siempre requiere de estudios avanzados –terciarios o universitarios- sino también virtudes de índole política o, como ya se advirtió, capacidad empática para detectar problemas que calan hondo desde el punto de vista social y que no siempre los profesionales pueden descubrir o comprender.

Pero las excepciones confirman la regla. Por lo general, lo que se prioriza a la hora de las negociaciones es la repartija de espacios. Al deseable criterio de elegir a los más capaces e idóneos, a los más comprometidos y responsables, se le opone otro, que finalmente prevalece, que es el de generar una arquitectura política que tenga como objetivo contener a todos los sectores, y que esos sectores propongan sus postulantes. Si hay un número determinado de lugares con chances en las listas para acceder a una banca, tal sector o agrupación tendrá un porcentaje de bancas basado en el peso político interno, y luego seguirá otro con un porcentaje menor hasta completar la nómina. Los acuerdos para contentar a todos se privilegian por sobre la evaluación de la capacidad de los precandidatos. Esta suerte de “control de calidad” que merecería también debates intensos no le hace perder el sueño, según parece, a la mayoría de los dirigentes.

La declinación de esta responsabilidad de garantizar el acceso a las cámaras de legisladores capaces y comprometidos con su trabajo genera los pobres resultados que son muy visibles. Son pocos los que cumplen comprometida y responsablemente con el mandato popular según las expectativas ciudadanas. Muchos, demasiados, transcurren los cuatro años con labores escasas y poco fructíferas, tal vez guardando los esfuerzos para emprender las negociaciones que le permitan perdurar, reelección mediante, un nuevo período en la abúlica pero bien remunerada ocupación.

Otras Noticias