Hay contradicciones que se resuelven con el tiempo y otras que estallan. La que enfrenta Javier Milei pertenece a la segunda categoría. No es una paradoja abstracta ni un debate académico de esos en los que se refugia cuando la realidad se empecina en contradecirle los dogmas: una empresa israelí asociada con una británica proyectan extraer petróleo de Malvinas, territorio cuya soberanía reclama la Argentina en contra de la posesión inglesa. Gran dilema para el autoproclamado presidente “más sionista del mundo”.
Una sociedad israelí-británica opera en abierto desafío a la soberanía argentina sobre Malvinas ¿Qué hará el sionista Milei? Una sociedad israelí-británica opera en abierto desafío a la soberanía argentina sobre Malvinas ¿Qué hará el sionista Milei?
El proyecto “Sea Lion”, en la cuenca norte de las Malvinas, reúne a Navitas Petroleum —empresa israelí cotizante en Tel Aviv— con Rockhopper Exploration, de bandera británica. La combinación es casi una provocación geopolítica servida en bandeja. Juntos, planean extraer entre 800 y 900 millones de barriles de crudo a partir de 2028, con una inversión inicial que ronda los dos mil millones de dólares.
Aunque la Cancillería argentina rechazó formalmente el proyecto, la acción concreta para frenarlo no vino del gobierno nacional, sino del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, quien presentó una denuncia ante la Israel Securities Authority —el regulador bursátil israelí— acusando a Navitas de haber ocultado a sus inversores los riesgos jurídicos, diplomáticos y geopolíticos de operar en territorio en disputa.
Un gobernador hace la tarea que el Ejecutivo nacional evita.
¿Qué pesará más en este clarísimo desafío a un reclamo histórico del país? ¿El “ultra-sionismo” de Milei o la obligación constitucional de defender la soberanía argentina? Misterio. Por lo pronto, la discreción libertaria sobre el tema contrasta con la acción concreta de Mellela, en cuya provincia están las Malvinas.
Hay sin embargo un patrón consistente. Milei es el único presidente argentino que respaldó explícitamente la tesis de la autodeterminación de los isleños. “Que voten con los pies”, dijo. No fue un lapsus: que es el argumento que esgrime Londres para justificar su ocupación desde 1833.
A eso se suma el mapa de alianzas que la diplomacia libertaria construyó en la ONU. Argentina, Estados Unidos e Israel fueron los únicos tres países del mundo en rechazar la declaración que proclamaba la esclavitud como crimen de lesa humanidad. Una votación que parece lejana al tema Malvinas, pero no lo es: los países que impulsaron esa declaración — el bloque afrocaribe, latinoamericano y africano — son exactamente los que sostienen el reclamo argentino en los foros multilaterales donde la causa se juega. Votar en su contra fue, en términos diplomáticos, quemar puentes con los aliados gratuitos de una causa histórica.
Y como si fuera poco, Milei respaldó públicamente la guerra contra Irán, rechazada por casi la totalidad de la comunidad internacional, ahondando el aislamiento argentino.
La lógica del conjunto es coherente, aunque no con los intereses argentinos: Milei construyó su política exterior sobre afinidades ideológicas e identitarias personales con el eje Washington-Tel Aviv, en detrimento de una evaluación sobre los vínculos que sirven a los objetivos nacionales concretos.
Malvinas es el caso más costoso donde esa apuesta se vuelve visible. Se canjeó apoyo potencial en la causa más sensible de la política exterior argentina por pertenencia simbólica a un bloque que, en los hechos, no solo no resuelve el problema sino que en este caso lo protagoniza.
El proyecto petrolero de la israelí “Navitas” sustrae la paradoja de un presidente argentino alineado incondicionalmente con intereses foráneos del campo retórico para ubicarla en el terreno de los hechos. Una cosa es agitar la bandera de Malvinas demagógicamente para capturar emociones, otra muy diferente es actuar para defender al país cuando un emprendimiento estratégico extranjero lo amenaza.
Una empresa israelí opera desconociendo los derechos argentinos sobre Malvinas.