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editorial

Expansión sustentable o movimiento reflejo

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23 de octubre de 2021 - 01:04 Por Redacción El Ancasti

Ante el mal resultado obtenido en las PASO, el oficialismo nacional apuesta a mejorar el ingreso de algunos sectores, sobre todo de los que han resultado más perjudicados por el proceso recesivo que arrancó en 2018. Se trata de una necesidad electoral. Pero también, desde la perspectiva de otorgarle sustentabilidad al proceso de reactivación iniciado este año –la actividad económica creció en lo que va del 2021 un 10,8%- la evolución de los ingresos resulta imprescindible. Si el consumo –de bienes y de servicios como el turismo, por ejemplo- no adquiere un ritmo superior, el actual crecimiento, que responde todavía más al rebote por la caída estrepitosa del año pasado por la pandemia que al comienzo de un nuevo ciclo virtuoso de crecimiento, se verá otra vez interrumpido.

En realidad, hace exactamente una década que la Argentina no registra tasas de crecimiento económico genuino. Es decir, evolución del PBI que no responde a rebotes de años malos. En 2011 la actividad económica creció un 6% respecto de 2010, y en 2010, un 10,1% respecto de 2009. Entre 2012 y 2017 hubo alternancia de años de recesión y de crecimiento. Y desde 2018 hasta 2020 tres años seguidos de recesión. 

Para lograr que el crecimiento económico se prolongue en un ciclo virtuoso como el que estuvo vigente entre 2003-2008, o 2010-2011, es preciso que se incremente el nivel de inversiones, pero también que aumente el poder adquisitivo de los asalariados. Porque las inversiones, tanto en el sector industrial como en el de comercio y servicios, necesitan de consumidores con dinero disponible.

Las estadísticas oficiales, sin embargo, corroboran el crecimiento de la actividad económica, pero también que, al menos por ahora, esa evolución no logró traducirse en una mejora en los niveles de pobreza e indigencia, que se mantienen por encima del 40% y el 10%. Esto quiere decir que, por ahora, el crecimiento no benefició a los sectores más vulnerables, aunque sí engrosó la rentabilidad de algunas empresas, sobre todo las que concentran el manejo oligopólico de los mercados. Según la información del INDEC publicada esta semana, la participación de la remuneración al trabajo asalariado en el valor agregado bruto (dicho coloquialmente, en el reparto de la torta de los ingresos) cayó entre el segundo trimestre de este año respecto del mismo período de 2020 del 49,8% al 40%. En el mismo periodo, el margen de ganancia patronal creció, pasando del 47% al 51% del total.

La reducción de la participación de los asalariados en la distribución de la torta de los ingresos se explica por la pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación, pero también porque los empleos generados este año a partir de la flexibilización de las restricciones por la pandemia fueron de menor calidad, y consecuentemente con salarios más bajos, que los perdidos durante 2020.

Si no hay un crecimiento de los ingresos del sector asalariado por encima de la inflación, la expansión de la economía, más que un proceso con visos de continuidad, será apenas un movimiento reflejo de periodos recesivos anteriores.

 

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