Entre el 16 y el 17 de febrero de este año se llevó a cabo en la ciudad holandesa de La Haya un singular encuentro denominado Primer Simposio sobre distribución global y economía política detrás del financiamiento externo (AIDSOCPRO, en inglés). Los temas de debate centrales del evento conciernen de manera directa en la situación de los países periféricos.
Varios interrogantes intentaron responderse, como por ejemplo en qué medida la ayuda internacional contribuye al progreso de los países en desarrollo, o si esa ayuda impacta de alguna manera en la distribución y redistribución del ingreso global y en el desarrollo social y productivo hacia adentro de los países.
Uno de los planteos medulares fue que si bien la ayuda internacional puede beneficiar en el corto plazo a los países receptores, los de menores ingresos, en el mediano y largo plazo funciona como condicionante de las políticas que éstos ejecutan. Algunos trabajos presentados en el simposio corroboraron que si los gobiernos locales no permiten a los países que envían la ayuda incidir en las políticas internas, el envío de fondos se interrumpe.
La reflexión de estos economistas que tienen una mirada crítica del problema es que los fondos que arriban a los países emergentes para financiar los programas de ayuda no se aplican casi nunca en el desarrollo de la producción local.
Las propuestas de los economistas reunidos en La Haya se orientan a que la ayuda que reciban los países en desarrollo provengan, más que de organismos internacionales, como por ejemplo el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, de fondos resultantes de excedentes en las reservas internacionales y reformas progresivas de los impuestos, por ejemplo.
En el apartado estadístico de los informes presentados en el encuentro se fundamentaron con números concretos las conclusiones a las que se arribaron. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), a través de la investigadora Isabel Ortiz, señaló que el año pasado 132 países (entre ellos la Argentina) enfrentaron "presiones/discursos de necesidad de ajuste fiscal” y 105 realizaron reformas a sus sistemas de pensiones por tal motivo.
Las investigaciones de los economistas también determinan que las ayudas de los países del norte hacia los países del sur representan un flujo mucho menor que el inverso, es decir, la riqueza que va del sur al norte. Por ejemplo, en 2014 el resultado neto del flujo financiero fue de 970 mil millones de dólares a favor de los países desarrollados a través de pagos de los servicios de la deuda, remisión de utilidades e inversiones en mercados de capital.
Las conclusiones del encuentro celebrado el mes pasado no deberían pasar inadvertidas en Argentina, cuyo gobierno celebra su apertura a la economía mundial como un logro en sí mismo.
La integración económica con el resto de los países no puede efectuarse sin contemplar variables como las analizadas en aquel encuentro, que corroboran que si no hay reformas estructurales en la lógica económica global, el sur siempre pierde.