Las medidas de ajuste implementadas por la fábrica Calzados Catamarca SA, de Alpargatas podrían marcar el inicio de otra etapa en la decadencia de la actividad industrial de la Provincia. Es cierto que están enmarcadas en el contexto nacional de restricciones interpuestas tras el descalabro kirchnerista, pero sería injusto omitir que la situación de la industria catamarqueña nunca fue de lo más floreciente y que esto no se modificó un ápice en la era K, sino más bien, lo contrario. Baste recordar la farsa que la ex presidenta Cristina Fernández se dio el lujo de protagonizar con la falsa reactivación de ENCATA, abierta en tiempos de campaña proselitista con el propósito de difundir por cadena nacional el acontecimiento como un mojón más de la revolución, para ser cerrada inmediatamente después de que la mandataria dejara el suelo catamarqueño. Las políticas intentadas por el Gobierno provincial para alentar la industria terminaron también en los rotundos fracasos de las cooperativas, que finalmente no son más que estructuras subsidiadas por el erario, en las que se pagan sueldos de hambre, raleados y en negro; empleo público, en definitiva, de la peor calidad. Calzados Catamarca anunció que dejará de producir durante siete viernes consecutivos a partir del de esta semana y ofrecerá un régimen de retiros voluntarios, con el pago de la totalidad de la indemnización, para dar de baja a 70 trabajadores.
El titular de la Unión Industrial Catamarca (UICA), Raúl Colombo, avanzó en el análisis general de la coyuntura fabril, con suma cautela y bajo la aclaración de que se espera la "reactivación" prometida por el Gobierno nacional. El impacto del tarifazo energético, como se preveía, fue tremendo, con incrementos de hasta el 265%. Colombo recordó que la UICA había advertido sobre las dificultades que habría para trasladas este aumento a los precios, pero añadió lo que ahora resulta más preocupante: ni siquiera se puede asumir el riesgo de trasladar costos a los precios, porque no se vende. "Estamos bastante preocupados porque se está demorando la reactivación que pronostica tanto el Gobierno nacional y la situación es muy compleja. El problemas fundamental es que no hay mercado, se cayeron las ventas", explicó. "En mi empresa ya tuve que dar vacaciones anticipadas y estoy trabajando con un solo turno, cuando siempre trabajé con tres", añadió.
Hace una semana, contó el presidente de la UICA, hubo una reunión de las empresas radicadas en El Pantanillo. "De las 20 empresas que estábamos presentes, solo dos estaban haciendo inversiones. En el resto, todas estaban aplicando la reducción de jornada laboral y solo produciendo para dar cumplimiento a los compromisos asumidos con anterioridad a este momento, porque ya no tenían ningún requerimiento de nuevas operaciones. Todas están reduciendo las jornadas de trabajo. La situación no se ha modificado para mejor en los últimos meses, sino que ha empeorado", evaluó.
En este contexto, contribuye a la incertidumbre industrial, y productiva en general, la prescindencia del Gobierno de la Provincia. El silencio oficial trasmite un mensaje inquietante de resignación: la suerte de los sectores productivos, que a duras penas sobrevivieron al demoledor efecto de las políticas kirchneristas sobre las economías regionales, está librada pura y exlcusivamente a la dinámica nacional, la Provincia nada puede hacer. Esto es falso, pues la Provincia puede al menos intentar hacer: puede convocar a los sectores en crisis y acompañar los institucionalmente, además, por supuesto, de buscar el modo de establecer mecanismos de asistencia financiera. El discurso oficial parece tener como exclusivo destinatario a la administración pública. No lo dirá la UICA, pero lo dijo Jorge González, titular del sindicato de textiles: "Aquí no se hace nada. Reunirse con el Gobierno es perder el tiempo", señaló antes de recordar un antecedente por demás incómodo para el oficialsimo: la Promoción Industrial cayó sin que Catamarca, aliada del kirchnerismo en el poder, moviera un dedo para evitarlo.