lunes 23 de marzo de 2026
CARA Y CRUZ

El naufragio de las PASO

No fue por falta de quórum. Ayer, la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, ...

Por Redacción El Ancasti
No fue por falta de quórum. Ayer, la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, que preside la barrionuevista Stella Maris Buenader de Walther, se reunió, después de tres semanas sin actividad, con número reglamentario, pero no trató las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), sobre las que existen dos iniciativas, una del diputado Víctor Luna, que la presentó cuando era senador, y la otra promovida por el Frente para la Victoria. Todos los sectores políticos con representación parlamentaria se han manifestado en favor de la aplicación de las PASO, pero esta unánime voluntad solo se manifiesta verbalmente: en los hechos, las primarias parecen destinadas al fracaso. Nadie quiere todavía admitirlo, pero lo ocurrido ayer en Asuntos Constitucionales de la Cámara baja es otro indicio, si hiciera falta, de la escasa vocación por resolver una cuestión que contribuiría significativamente al ejercicio democrático y la calidad institucional. El radical-barrionuevismo encontró en el proyecto de Luna la excusa para trabar  la propuesta apenas el Gobierno expresó que estaba dispuesto a avanzar en ella. Bastó que el kirchnerismo se pronunciara a favor para que los que alentaban las PASO empezaran a encontrar pelos en el huevo. La discusión se mantiene en un plano platónico: a todos les gustarían las PASO, pero nadie cede para que se conviertan en una institución concreta.


Así las cosas, los partidos y frentes políticos continuarán definiendo sus listas de candidatos como mejor les parezca. La realización de internas, que pueden ser, aparte, abiertas o cerradas conforme acomode a las conveniencias coyunturales, dependerá del arbitrio de las conducciones y no del imperio de una ley como ocurre en las categorías nacionales, donde ningún aspirante a un puesto electivo puede eludir las PASO. Esta situación mantiene un escenario donde el dedo de los jerarcas carece de contrapesos, propicio para que prosperen el nepotismo y el amiguismo, que no requieren más méritos que el vínculo afectivo. No es que las PASO vayan a erradicar estos vicios, pero resulta obvio que, al someter la oferta que se presentará en las generales al juicio del electorado, en forma simultánea a las del resto de las facciones competidoras, aún si conformaran -como ha sido habitual hasta ahora- listas únicas, los encargados de confeccionar las propuestas estarían obligados a considerar otros elementos además de sus ocurrencias y apetitos circunstanciales. Las objeciones al mecanismo de las PASO se desdibujan en cuanto se advierte que obligan a legitimar las candidaturas en una instancia previa a las generales. Este solo hecho introduce la posibilidad de que los electores sancionen abusos y enjuagues de conciliábulos, además de restringir el margen de acción de múltiples supuestos dirigentes que solo alcanzan poltronas por sus cualidades de cortesanos, al margen de cualquier consenso efectivo que tengan en la sociedad o los sectores que aseguran representar.



Una lástima, en definitiva, que el aporte al fortalecimiento institucional que hubieran significado las PASO no haya podido imponerse sobre las especulaciones. Marca esta frustración, además, lo lejos que está todavía la dirigencia política catamarqueña de acercar criterios en cuestiones todavía más trascendentales, como sería una reforma constitucional para eliminar la rémora que es la reelección indefinida del gobernador o la instauración de un sistema parlamentario unicameral en lugar del que está en vigencia. En este sentido, lo de la reelección indefinida es un ejemplo del corto alcance que suelen tener los cálculos mezquinos. La instituyó el saadismo en la reforma de 1988 suponiendo que iba a ser eterno y a los tres años cayó; el FCS nunca la eliminó y fue desalojado de la Casa de Gobierno la primera vez que quiso aprovecharla, cuando Eduardo Brizuela del Moral pretendió acceder a un tercer mandato, en marzo de 2011. Ésta última experiencia es ilustrativa: sin PASO ni internas, los radicales armaron listas sin medir el humor popular, con parientes, amigos y entenados. Así les fue. Quizás unas PASO los hubieran obligado a pensar mejor en la oferta.
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