jueves 2 de abril de 2026
Dos chechenos prófugos

Misterioso secuestro de una pareja de rusos en el barrio de Palermo

El viernes pasado, una pareja de jóvenes rusos que reside en la calle Ravignani en Palermo y que regentea un negocio de criptomonedas fue secuestrada y liberada luego del pago de un rescate de U$S 100.000 en la criptomoneda USDT, según confirmaron fuentes del caso a Infobae.

El hecho es investigado por el Departamento Antisecuestros Sur de la Policía Federal Argentina (PFA), con una causa a cargo de la jueza María Romilda Servini.

Dos ciudadanos chechenos fueron identificados como los principales sospechosos. La PFA logró determinar que ambos se fugaron del país en avión a horas del hecho, en un vuelo que partió de Ezeiza a los Emiratos Árabes.

Las víctimas, según su relato, se reunieron para tomar un café con ellos. Poco después, terminaron golpeados y maniatados. Por lo pronto, los sospechosos ya cuentan con una circular roja de Interpol en su contra.

El rescate fue negociado por amigos de la pareja, en medio de un tenso cruce de mensajes. Los secuestradores les enviaron fotos de las víctimas atadas de manos y pies para acelerar el pago. Insólitamente, el dinero fue enviado a través de un código QR.

A comienzos del mes, Ivan Materov fue detenido por la Policía de la Ciudad y la Policía Bonaerense, acusado de una ciberestafa de $300.000.000. Lo arrestaron en su cueva financiera en el barrio de Belgrano.

La Justicia de San Isidro lo acusó de ser una parte clave en la ruta del dinero de una de las mayores ciberestafas de la historia reciente: $300.000.000 robados a empresas desde fines de 2024 a través del célebre virus troyano Mekotio.

Materov, oriundo de Rusia, fue señalado por el fiscal Alejandro Musso por supuestamente lavar el dinero convirtiéndolo a la criptomoneda Tron, que cuadruplicó su valor en un fuerte pico a comienzos de este año para luego desinflarse en minutos. Su cueva, llamada “Dólar Belgrano”, por otra parte, operaba como muchas otras en la ciudad de Buenos Aires: como un canal privado de Telegram, esta vez frecuentado por otros rusos. El número y las cuentas de ese canal, descubrió Musso, estaban ligados a Materov.

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