domingo 26 de abril de 2026
JORGE "TURBITO" HERRERA

"Sueño con ser campeón del Dakar"

Jorge Herrera tiene 12 años y ya es campeón provincial, del NOA, del MX Cordobés, y logró importantísimos podios en competencias Latinoamericanas y en Estados Unidos.

Después de un podio en la primera fecha del Campeonato Argentino y mientras se preparaba para competir en la segunda fecha del MX Cordobés (en la que se quedaría con el tercer lugar de la categoría 85cc A), Jorge ‘Turbito’ Herrera le contó a Revista Express sus secretos, agradeció el apoyo incondicional de su familia y les puso nombre y fecha a sus sueños: podrá correr el Dakar cuando cumpla 18 años.

Navegación satelital, pruebas de GPS, lectura de ‘roadbook’ y el calor sofocante de las dunas no parecen cosas de chicos, pero en el mundo motor catamarqueño hay un nombre que a los 12 años no le teme a nada. Es Jorge Herrera, más conocido como ‘Turbito’, una promesa que es presente y tiene las ideas más que claras: “Mi sueño es ser campeón del Dakar”, contó.

En una charla en exclusiva con Revista Express, Turbito contó que se relacionó con las motos incluso antes de que supiera siquiera atarse los cordones. "Prácticamente nací en una moto. Me contó mi papá que mi primera vez arriba de una moto fue a los 2 años, en una ‘Piwi’ 500”, explicó Turbito, hijo de otro reconocido en el ambiente del motocross, Jorge Herrera, de quien heredó esa pasión por las dos ruedas, también influenciado por el piloto Diego Demelchori. “Yo era muy chiquito y no llegaba al piso, y esa moto andaba muy fuerte así que la tuvimos que vender. Compramos una Beta que era menos potente, pero yo la podía llevar”, recordó.

Su primera carrera fue a escondidas de su mamá, en la que quedó en cuarto lugar. Su mamá es la más "miedosa" de la familia, pero a pesar de eso acompaña la pasión. “Ahora ya lo acepta, no le queda otra porque es mi sueño y es lo que me gusta. Cuando la carrera es en Catamarca o cerquita va, sino no porque le da mucho miedo”, se rió. En esas primeras aventuras empezó a gestarse el apodo que lo hizo famoso: “Mi papá y los amigos me decían ‘Turbito’ porque iba rápido. Y así quedó, incluso hasta en la escuela me dicen así”, dijo.

Aunque por reglamento recién podrá participar en el Rally Dakar a los 18 años, para los que faltan todavía seis, él ya empezó la cuenta regresiva. Su mirada está puesta en los grandes: admira a Edgar Canet y a Luciano Benavides, las dos figuras del Red Bull KTM en la última edición, pero su gran ídolo es la leyenda italiana Antonio Cairoli, de quien tomó el número 222 que luce en su placa.

"Mi sueño es ser campeón del Dakar", asegura con la confianza y la firmeza de quien está completamente decidido a hacerse cargo del desafío. Para eso ya está negociando con su familia y proyecta unas visitas a Fiambalá a empezar a probar el sistema de navegación. Una competencia tan exigente demanda entre seis y siete horas por día arriba de la moto, y en esos momentos la cabeza juega tanto como el motor. Descubrió que ese tipo de carreras le gustaban cuando hizo sus primeras armas en el Enduro del Verano, que se corre en arena, en tramos de más de una hora. “Ahí aprendí a que te tenés que hablar a vos mismo para no perder el foco", contó.

De cara a su sueño del Dakar, también sabe que hay muchos componentes más que sólo el manejo. Por ejemplo, reconoce que hoy “se lleva mal” con la mecánica, aunque busca aprender y conocer más en detalle. “Me mando muchas cagadas", admite con sinceridad y entre risas.

La disciplina detrás del talento

Hace dos años, cuando tenía diez de edad, algo cambió en la cabeza de Turbito. “Ahí siento que maduré, como que di un salto ", explicó. “Era algo que hablábamos mucho con mi papá, porque antes veníamos como a disfrutar la carrera y hacer amigos y bueno, si podíamos, meter un podio. Y la verdad que me gusta mucho este deporte, no siento que tengo que hacer un esfuerzo para dedicarme, me gusta y es lo que amo. Y a los 10 años mi papá me dijo que tenía un futuro muy grande, así que me daba dos opciones: entrenar para hacerlo mejor, o divertirme. Le dije que quería entrenar para ser el mejor”, recordó.

Desde entonces, su rutina parece la de un atleta olímpico. Ese entrenamiento incluye rutinas de gimnasio todos los días por la tarde noche con el profesor Fede Moya, “que es un crack”. También suma momentos de natación para ganar aire, bicicleta y running. Además, trabaja con una coach que lo ayuda en la parte mental. Pero lo más curioso es su método de autocrítica: "Tengo un librito donde anoto todo lo que hice en la carrera. Después voy a entrenar y corrijo lo que hice mal. También tengo a mi papá que por ahí me explica los errores, mi mecánico. Reconozco que me cae medio mal escuchar de los errores, pero me gusta trabajarlos porque ahí es cuando mejoro", confesó.

Hoy trabaja para marcar su propio “flow”, un estilo de manejo prolijo, con un cambio más arriba, buscando que la velocidad “aparezca sola, sin forzarla”.

El presente y lo que vendrá

Mientras cursa el secundario, bajo la estricta mirada de su madre que lo mantiene a raya, Turbito no quita el ojo del calendario 2026. Actualmente compite en el campeonato Cordobés, donde marcha quinto, se prepara para el certamen del NOA en La Rioja, y su gran objetivo del año es el Latinoamericano. Serán tres fechas en Argentina, Chile y Ecuador donde buscará quedarse con el puesto más alto.

Agradecimientos

Turbito agradeció por su presente especialmente a su familia, a su mecánico Armando Lelli de Lelli Competición; a Belgrano Motos, a El Ancasti, a su preparador físico Federico Moya; a Mario Sampayo, y al Gobierno de Catamarca y “a todos los que me ayudan a hacer esto posible”.

Texto: Peze Soria

Fotos: gentileza "Turbito" Herrera

Cábalas y un "secreto" irrevelable

Como todo piloto, Turbito tiene sus rituales. Hay cosas que no se negocian: jamás poner el casco sobre la mesa porque trae mala suerte (un consejo de su mecánico, Armando Lelli) y siempre ponerse las protecciones en un orden específico, empezando por las que son de la derecha. Pero hay algo que nadie, ni siquiera en su círculo más íntimo, sabe. "Digo una frase antes de correr que es solo mía. Es mi cábala y no la puedo decir", confiesa con misterio. Sea lo que sea que diga en esos segundos previos a la largada, claramente trae resultados.

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