Historias de inmigrantes

Amado Salím Hezze, un árabe en Andalgalá

Huyó de los malos tiempos en Siria, se convirtió en comerciante y agricultor, y fundó una familia que hoy tiene frutos “entrañablemente catamarqueños”.
domingo, 21 de febrero de 2021 · 01:04

En el año 1914 a la edad de 26 años llega solo a la Argentina Amado Salím Hezze, procedente de Yabrud (en árabe: يبرود, por lo que una traducción más fiel al castellano sería “iabrud”) una ciudad de Siria que pertenece a la Gobernación de Rif Dimashq, a unos 80 km de la capital Damasco. La ciudad es conocida por sus cuevas antiguas, especialmente por la cueva de Iskafta famosa por la gran cantidad de importantes descubrimientos prehistóricos, y el templo de Yabrud, que entonces era el Templo de Jupiter Yabroudis, que más tarde fue la "Catedral de Constantino y Helena". En cuanto al origen del nombre Yabrud, es probable que sea una palabra aramea que significa “frío”: la ciudad está situada en la falda de las montañas Qalamoun (Cordillera del Antilíbano) a una altura de 1.550 metros sobre el nivel del mar.

Como muchos paisanos más, vino huyendo de la guerra y de la pobreza, buscando un nuevo futuro en nuestro país. Era hijo de Salím Hezze y Farize Daruech y tenía tres hermanos Zake, Julio y Mahamud Salím Hezze. Profesaba la religión musulmana y se regía por los preceptos del Islam: no comía ningún animal considerado impuro (cerdo, por ejemplo) y tampoco consumía alcohol. Cumplió con los preceptos de su credo hasta el último día de su vida, sin embargo, aceptó que sus descendientes adoptaran la religión del lugar, la Católica Apostólica Romana. Cuentan que se solía ver que en sus manos movilizaba un “Masbaha”, una especie de rosario con cuentas de piedras que sostenía entre sus dedos mientras oraba. Tal fue su compromiso con su religión y su cultura, que fue uno de los donantes que contribuyó con la fundación de la “Asociación Yabrudense de Beneficencia y Socorros Mutuos” y su mezquita Al-Ahmad (primer templo de arquitectura islámica de Argentina) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Don Amado Salím primero se desempeñó como “vendedor ambulante" (mercachifle, buhonero o vendedor de mercaderías a pie), ofreciendo a lugareños y transeúntes baratijas y menudencias industriales, tales como peines, peinetas, agujas, botones, hilos, puntillas, telas, tijeras, velas, fósforos, artículos de uso personal, cosméticos y todas las novedades de la época para el criollo, las cuales llevaba en pesados “atados” sobre sus espaldas; cuentan que ofrecía su mercancía diciendo “Tudo por veinte” es decir “todo por veinte centavos”; así recorrió muchos pueblitos caminando por lugares remotos y en especial por zonas montañosas de nuestro país, y en su camino, recorriendo Catamarca llega a la localidad de Andalgalá, cuyo clima le resultó tan parecido al de su pueblo natal que allí se asentó y conoció a una criolla del lugar. La criolla era de apellido Carrazana, con quien tuvo sus dos primeros hijos: Rafael y Ernesto de Jesús, cuyo nacimiento le significaría quedar viudo, dado que su mujer falleció en el parto del segundo hijo.

Luego, conoció a otra criolla -oriunda de Aconquija- Filomena de Jesús Zárate, con quien contrajo matrimonio y juntos, en el año 1927 en una vieja casona en la esquina de calles Núñez del Prado y Belgrano frente a la plaza principal de Andalgalá, inauguraron un establecimiento comercial al que llamó “Salim Hezze” en honor a su padre. Era un almacén de ramos generales con expendio de combustible de la firma Shell mediante surtidores a manija que, para aprovisionarse de combustible solían enviar desde Buenos Aires en tambores de plomo vía ferrocarril. Como se sabe, Andalgalá era punta de riel y todas las provisiones del almacén le eran enviadas por este medio de transporte. 

Don Amado Salím fue un gran visionario; el almacén de ramos generales abastecía a los pobladores de Andalgalá, Belén y zonas aledañas; como así también a muchísimos obreros que trabajaban en la explotación minera de Minas Capillitas en su época más floreciente.

Su emprendimiento estaba en pleno auge de crecimiento, y Amado se vio en la necesidad de pedir ayuda a sus familiares en Siria. Para ello envió dinero para la compra de pasajes para facilitar el viaje en barco de sus hermanos Zake, Julio y Mahamud, los cuales se unieron a la empresa familiar aportando su fuerza de trabajo en el año 1933.

Pero no solo Don Amado Salím se dedicó al comercio, sino que con sus conocimientos en agricultura adquirió tierras en un lugar llamado “La Banda”; allí plantó viñedos y se dedicó a la elaboración de vinos pateros y grapa, pero con el terremoto de 1944 en San Juan se prohibió el cultivo de la uva en todo el noroeste argentino para darle prioridad a la zona devastada en aquella provincia y, por lo tanto, el gobierno dispuso la quema de las todas las plantaciones de vid en el territorio provincial, ante tamaña adversidad Don Amado Salím no se desanimó y comenzó producir aceitunas, nueces, membrillos, higos, ciruelas, duraznos, manzanas y peras; llegando a ganar premios en reconocimiento a su variada producción, convirtiéndose en epicentro del comercio mayorista y minorista de la zona.

En el mes de junio del año 1932 en el vapor “Giulio Cesare” viaja Amado Salím junto a su familia a su pueblo natal Yabrud. Allí se quedan viviendo por dos años, donde Filomena aprende todas las costumbres y la gastronomía árabe: “kepeneye” que se prepara con carne picada y trigo burgol, “chanclich” (quesitos árabes), “laban” (yogurt agrio), “yabre” (niños envueltos en hojas de parra), trigo burgol cocido en laban y “sfijas” (empanadas árabes). Emprendiendo su regreso a la Argentina en el año 1934, salieron del Puerto de Beirut el 12 de marzo de 1934; el día 28 arribaron a Génova (Italia) y el 13 de abril al puerto de Buenos Aires. En total ¡33 días! después de haber surcado los mares de tres continentes. 

En el año 1942 el matrimonio tuvo un hijo llamado Amado Hezze a quien Filomena solía contar las costumbres que tenían los árabes en su estadía en estas tierras, en primer lugar, fueron los “Hamman”, término con el que se designa al baño árabe, turco o de vapor. Eran baños de carácter público muy usados en Siria, que dividían a hombres de mujeres y niños; estos baños surgieron debido a la escasez de agua en la zona, y la poca agua que llegaba a las casas era utilizada para beber y lavar los enseres de cocina. Allí las mujeres se le acercaban a Filomena para tocarle la piel y le decían “la americanía”, siendo una novedad que haya una persona con tez clara en el lugar, ya que la piel de las personas en su gran mayoría era de color “semita” (oscura).

Luego un rito musulmán llamado “La Pisada” el cual consistía en una procesión donde el Sheij (sacerdote musulmán) se subía a un caballo y detrás de él le seguían los feligreses orando por unas cuadras, este sacerdote iba orando en un estado de trance y, al “despertarse”, la gente se tiraba al suelo y él montado en su caballo a toda velocidad pisaba a la gente, y lo más llamativo de este rito era que nunca había heridos.

Filomena le terminaba relatando que los sirios tenían por costumbre reunirse a tocar los tambores y bailar con cuchillos, bebían “Arak” (anís turco) y fumaban “Narguile”, una pipa de agua oriental que se emplea para fumar tabaco de distintos sabores.

En esas épocas, se acentuaba en los pueblos árabes, una tendencia matrimonial endogámica, es decir, que los casamientos se celebraban entre personas con una misma identidad religiosa o de una misma procedencia local o regional, por lo tanto, las mujeres no conocían a quien iba a ser su futuro esposo y eran compradas mediante dotes. Y es así que, aprovechando su viaje a Yabrud, don Amado Salím “busca” para su hermano Mahamud en su pueblo una esposa llamada Ahsma, entregándose una dote de oro a sus padres a cambio de ella, tal cual se acostumbraba. En consecuencia, la familia “trae” a la nueva integrante en su viaje de regreso a la Argentina.

Don Amado Salim Hezze fue un comerciante y agricultor sin desmayos de tierras yermas; pionero que gravitó positivamente en Andalgalá, contribuyendo al desarrollo económico regional de la tierra que lo cobijó como hijo adoptivo; hoy sus hijos y nietos son entrañablemente catamarqueños.

 

Texto: Colaboración de Yamila Gáname

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