historia

Paclín Viejo: desde la merced de Paquilingasta a nuestros días

En esta primera entrega, el escritor César Noriega toma valiosos aportes de los investigadores para redescubrir el solar que cobijó a los primeros habitantes del departamento.
domingo, 12 de mayo de 2019 · 04:00

He sido testigo -desde mis primeros años- de la presencia silenciosa de las ruinas de Paclín Viejo, otrora una localidad dentro de la merced de Paquilingasta, nombre derivado de Los Paquilines, primeros habitantes del lugar desde antes de la Conquista. Los Paquilines -nombre que le dieron los primeros españoles que llegaron al lugar en el siglo XVI (aún hoy no sabemos cómo se denominaban antes)- fueron grupos humanos que habitaron la zona por miles de años, desarrollando tareas agrícolas en sus potreros, criando animales domésticos como la llama y que dejaron su impronta en la arqueología encontrada en el lugar.

En la actualidad Paclín Viejo se encuentra a escasos dos kilómetros de la Villa de La Merced, donde se observa un cementerio y una iglesia, ambos en ruinas, sumergidos en la vegetación, rodeados de potreros, sembradíos y animales pastando. Esto es hoy Paclín Viejo, lugar que toma forma de asentamiento efectiva después de la Conquista Española –aunque todo el Cañón de Paclín ya estaba habitado- y donde el visitante acaso no llegue a imaginar que allí hubo una población.

¿Qué significado tiene este lugar en la historia de La Merced y Paclín todo? ¿Cómo estaba constituido aquel pueblo de aborígenes, conquistadores y luego criollos? ¿Cuáles son los motivos políticos por los cuales se produjo tal éxodo? ¿Qué motivó que la gente afincada en un lugar -otrora cabecera del departamento- abandone para siempre un lugar ideal para vivir desde lo paisajístico, climático y productivo? ¿Qué rol jugo la Iglesia Católica de entonces? ¿Quiénes fueron sus primeros pobladores, encomenderos, las familias pudientes propietarios de las primeras mercedes? ¿Qué valor arqueológico o turístico se le asigna en la actualidad?

En dos entregas intentaré dar cuenta de algunos de estos interrogantes; como paclinense que soy, y con buena fuente: estudios publicados cuya autoría pertenece a otro hombre de Paclín, Emilio Villafáñez, doctor en Ciencias Antropológicas, ex becario del CONICET y actual docente de la UNCA.

Este trabajo no hubiera sido posible sin su invalorable y desinteresada colaboración; quien, junto a un grupo de ayudantes, realizó un relevamiento del lugar con sus respectivos informes con rigor científico y en tales informes se basa esta colaboración periodística. Digno es mencionar que más atrás en el tiempo, autores como Juan Pablo Vera (en un acabado trabajo sobre los paquilingastas que data de 1955), Gaspar H. Guzmán, Armando. R. Bazán, Brizuela del Moral, el Padre Olmos y el Dr. Néstor Kriskautzky se han ocupado de este quehacer histórico, cultural y arqueológico del lugar cuyas fuentes han sido consultadas.

Párrafo aparte merece este comentario: durante los años de mi niñez Paclín Viejo ha sido mi ruta diaria desde Santa Ana a La Merced, paso inevitable hacia la escuela primaria, de a caballo. Paclín Viejo ocupa un lugar en mis sentimientos, lo visité innumerables veces y en uno de sus patios de tierra (que naturalmente ya no existe) recibíamos las primeras clases de catecismo en la voz de la señorita Chela Luna. Hasta no hace muchos años atrás se encontraban familias enteras dedicadas a las tareas agrícolas (pimiento, tabaco, maíz, zapallo, pasturas, etc.). Ellas fueron las familias Roig, Aguilar, Lencina, Barrionuevo, Tapia, entre otros trabajadores de la tierra.

Don G.H. Guzmán menciona que los primeros dueños de la merced de Paquilingasta fueron don Diego de Vera y luego doña Juana de Aguirre casada en segundas nupcias con Diego Graneros de Alarcón, quien se hace cargo de los bienes de su esposa, entre ellos Paquilingasta. Según el autor, basado en documentos que datan entre 1589 y 1609, mucho tiempo antes de la adquisición de estas mercedes por parte de la familia Figueroa y Mendoza, esta merced habría abarcado desde el sur de lo que es hoy Balcosna hasta aproximadamente Amadores. También fue llamada estancia de San Lorenzo de Paquilingasta (P. Antonio Larrouy) afincamiento de varias familias por la excelencia de sus tierras y el agua abundante desde el río Paclín que corre a menos de un kilómetro.

Según el Dr. Villafáñez, la Iglesia parroquial de Paclín Viejo fue construida en 1816 (año de la Independencia Nacional) ya que en la puerta se encontraba tallado este número. La iglesia constaba también de casa parroquial mientras que a pocos metros se encuentra ya en ruinas pero con un cerco de alambre el antiguo cementerio. Paclín Viejo estaba dominado por los potreros de la Finca de la Beatas (Hermanas de Nuestra Señora del Huerto). Esta Iglesia habría sido derribada por un temblor hacia 1950 según el relato del vecino Andrés Flores. En el mismo año (1816) se construyó el cementerio de Paclín Viejo según testimonios, en este cementerio se hicieron inhumaciones muchos años después de la migración total de Paclín Viejo, hasta allí se llevaban los ataúdes en lomo de mula.

 

La mudanza

El éxodo que nos ocupa -desde Paclín Viejo hacía la actual- Amadores se habría dado alrededor de 1880 cuando se oficializa la iglesia de Amadores, produciendo cambios sociales, políticos y administrativos, pero en esencia, por la presencia de la iglesia de Amadores, templo imponente en ese tiempo y cuyos vestigios erróneamente han sido considerados similares a las Ruinas de San Ignacio-Misiones. El Dr. Villafáñez investigó ésta cuestión en el trabajo denominado “Reinterpretando a la vieja iglesia de Amadores, 2008”.

En este trabajo se descartó que el templo tuviera filiación jesuita dada la atemporalidad de ambas construcciones, entre otros interesantes datos aportados por el científico y que ameritan otra entrega periodística sobre este templo hoy en ruinas.

Pero volvamos a Paquilingasta. Fue la merced más antigua que se tiene registros en Catamarca y su despoblamiento –a partir del análisis de documentos- obedeció a intereses religiosos. A saber: en 1716 los Jesuitas se hacen cargo de la Merced de Balcosna (o Gualcurna, según coinciden Gaspar H. Guzmán y el P. Larrouy). Posteriormente se hacen cargo de la merced de Paquilingasta las Hermanas Villagrán, conocidas como las Beatas, luego éstas donan parte de sus posesiones a la Orden Carmelita, fundadora del Colegio de la Niñas Educandas, luego Colegio Nuestra Señora del Huerto (1809). Posteriormente, parte de Las Beatas (Paclín Viejo) pasa a manos del Obispado de Catamarca.

Un dato interesante lo aporta el estudio del Dr. Villafáñez y sus colegas: la puerta de la iglesia de Paclín Viejo aún se conserva. Según documentos obrantes en el Obispado de Catamarca, ésta fue adquirida por un coleccionista de apellido Onnelli al entonces cura párroco Pbro. Torres, y se encontraría en el Museo Histórico de Luján, aunque esto aún no se pudo comprobar.

Como se dijo, Paclín Viejo gozaba de buena salud y con agua más que suficiente para sus labores. Además, contaba con un molino harinero e instituciones como un Juez de Paz o Juez de Policía. Es probable que en esta dependencia oficial se hayan efectuado anotaciones como así en la casa Parroquial. El cura párroco era el Pbro. José Torres Escandel y la primera maestra fue la Srta. Domitila Sautú Riestra, persona influyente en la localidad.

Como se dijo, es probable que por la iglesia del lugar pasara gran parte de la vida de la localidad y que comenzó a dejar de utilizarse hacia los años 1877-78. Cerca del año 1920 el cura párroco Torres Escandel comunica al Obispado que parte (techos) de la iglesia de Paclín Viejo serán utilizados en la iglesia de Amadores. La iglesia de Paclín Viejo tenía una nave central de aproximadamente 20mts de largo por 8 de ancho y cerca de 3mts de alto según los espacios. Sus columnas y travesaños que sostenían el techo de tejas eran de quebracho blanco. Se encontró una sacristía adosada a la nave central con baldosas de material cocido de 30x11 y 2,5 cm de espesor que aún se conservan en medio de la vegetación, como así una galería en una de sus alas. (Villafáñez et al., 2008) Pocos años después los pobladores de Amadores solicitan al Gobernador Coronel José Daza que su iglesia sea nombrada parroquia a vice-parroquia de Paclín en base a que “la primera iglesia de Paclín (Viejo) se encontraba en estado de abandono donde ya no existe población, apartada de los caminos principales y vecindarios importantes, conocido tan solo por su antiguo nombre. Además, nuestro cura párroco habita ya en Amadores haciendo allí todo el servicio y, por sobre todo, porque la iglesia de Amadores en un magnífico edificio recientemente

construido a lo que debemos agregar que está por terminarse un cementerio público dado que el anterior (Paclín Viejo), no teniendo las seguridades hace que las bestias carnívoras arranquen de los sepulcros los restos queridos”, según se lee en un documento obrante en el Obispado.

 

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