"Usted es peligroso": cuando el castigo se disfraza de solución
Por Rodrigo Morabito (*)
Cada tanto, la historia vuelve a golpear la misma puerta. Cambian los nombres, cambian los contextos, pero el reflejo es idéntico: frente al miedo, más castigo; frente al conflicto, más encierro; frente a la complejidad, una respuesta simple. Hoy, en la Argentina, esa respuesta tiene un nombre concreto: bajar la edad de punibilidad.
La entrevista de Michel Foucault que lleva por título “Usted es peligroso” no habla de adolescentes, ni de nuestro país, ni de este gobierno. Y sin embargo, parece escrita para este momento. Porque lo que Foucault desnuda no es un caso aislado, sino una lógica: la de una sociedad que, cada vez que fracasa en integrar, educar y cuidar, decide castigar antes y preguntar después.
El caso de Roger Knobelspiess fue utilizado primero como símbolo de una justicia cruel y desmedida. Luego, cuando reincidió, fue convertido en prueba de que la indulgencia era el verdadero problema. El mensaje fue claro: “se equivocaron quienes dudaron del castigo”. Y contra ellos se dirigió la furia. No contra la prisión que no corrige. No contra el sistema que fabrica reincidencia. No contra una justicia que castiga mucho y entiende poco.
Eso mismo ocurre hoy cuando se señala a los adolescentes como el nuevo enemigo interno. Se los presenta como peligrosos, irrecuperables, responsables de una inseguridad que tiene causas mucho más profundas. Y entonces se propone encerrarlos más temprano, como si adelantar el castigo fuera sinónimo de prevenir el delito.
Pero Foucault lo dijo sin rodeos, y la experiencia lo confirma una y otra vez: la prisión castiga, pero no corrige. No reinserta, no educa, no repara. Produce algo mucho más simple y devastador: refuerza trayectorias delictivas, rompe vínculos, consolida identidades marcadas por la exclusión. Quien entra por poco, suele salir peor. No por maldad, sino por diseño.
La baja de la edad de punibilidad parte de una ilusión peligrosa: creer que el encierro temprano ordena lo que la sociedad no supo o no quiso ordenar antes. Es la fantasía de que el derecho penal puede reemplazar a la escuela que expulsó, a la familia que fue abandonada, al Estado que llegó tarde o nunca llegó. Es usar la cárcel como parche moral de un fracaso colectivo.
¿Quiénes son los engañados? Como decía Foucault, aquellos que quieren creer que una “buena temporada” de castigo endereza vidas. Aquellos que confían en que penas más duras generan más seguridad. Aquellos a quienes se les promete tranquilidad a cambio de derechos ajenos. La historia demuestra que esa promesa nunca se cumple.
¿Dónde está el verdadero peligro? No solo en el delito, sino en el abuso del poder. En una justicia que deja de preguntarse a sí misma. En una sociedad que naturaliza que algunos chicos valen menos que otros. En un discurso político que confunde firmeza con crueldad y decisión con simplificación.
Bajar la edad de punibilidad no es coraje político. Coraje es hacerse cargo de la complejidad. Coraje es invertir donde no se ven resultados inmediatos. Coraje es sostener que un chico de 14 años no es un enemigo, aunque haya cometido un delito. Coraje es resistir la tentación de respuestas fáciles cuando lo difícil es pensar.
Foucault cerraba su intervención con una advertencia que hoy resuena con fuerza: quien cree que un crimen de hoy justifica cualquier castigo mañana, no sabe razonar. Y es peligroso. Peligroso para los demás, pero también para sí mismo. Porque una justicia que se adormece en la arbitrariedad siempre termina alcanzando a más personas de las que se pensaba castigar.
La pregunta, entonces, no es si queremos castigar más temprano. La pregunta es qué tipo de sociedad estamos dispuestos a construir. Una que se tranquiliza encerrando chicos, o una que se incomoda pensando por qué llegamos hasta acá. Porque si la única respuesta que tenemos frente a la infancia excluida es la cárcel, el problema no son los adolescentes. El problema somos nosotros.
Nota
El texto retoma y dialoga con la entrevista realizada a Michel Foucault en 1981, conocida como “Usted es peligroso”, en el marco de la polémica pública generada en Francia tras la liberación y posterior reincidencia de Roger Knobelspiess. Lejos de defender delitos o idealizar a los delincuentes, Foucault advertía sobre los riesgos de una justicia que deja de interrogarse a sí misma, que confunde castigo con solución y que utiliza el encierro como respuesta automática frente a conflictos sociales complejos. Las reflexiones aquí retomadas se inscriben en ese debate y se proyectan sobre el actual proyecto de baja de la edad de punibilidad en la Argentina.
(*) Juez de Cámara de Responsabilidad Penal Juvenil de Catamarca. Profesor adjunto de Derecho Penal II de la Universidad Nacional de Catamarca. Miembro de la Mesa Nacional de Asociación Pensamiento Penal. Miembro del Foro Penal Adolescente de la Junta Federal de Cortes (Jufejus). Miembro de Ajunaf. Miembro de la Red de Jueces de Unicef.