martes 10 de febrero de 2026
Editorial

Controles preventivos, la clave

El dato difundido la semana pasada por el servicio de Oncología del Hospital San Juan Bautista constituye una señal alentadora en un terreno históricamente sensible para el sistema de salud. La disminución de los diagnósticos de cáncer en estadios avanzados expresa, efectivamente, un cambio importante en la forma en que la enfermedad está siendo abordada y, sobre todo, en el vínculo de la población con la prevención.

Conviene, sin embargo, despejar cualquier lectura equívoca. No se trata de una reducción en la cantidad de casos de cáncer, sino de un corrimiento hacia diagnósticos más tempranos. Es decir, la enfermedad no desapareció, pero se la detecta antes. Y eso marca una diferencia sustancial en términos de pronóstico, tratamientos y posibilidades de sobrevida. Para explicar el cambio es preciso señalar que más personas están accediendo a controles médicos y estudios preventivos.

El escenario actual contrasta con lo ocurrido durante la pandemia, cuando los controles de rutina se redujeron drásticamente. Las restricciones sanitarias, el temor al contagio y la saturación del sistema de salud derivaron en que muchos cánceres comenzaron a diagnosticarse en etapas avanzadas, cuando las opciones terapéuticas son más limitadas y el impacto sobre la calidad y expectativa de vida es mucho mayor. Hoy, por el contrario, se advierte un proceso inverso.

Los avances verificados en la detección temprana del cáncer no son azarosos sino la consecuencia de políticas públicas sostenidas y de una ciudadanía informada. Los avances verificados en la detección temprana del cáncer no son azarosos sino la consecuencia de políticas públicas sostenidas y de una ciudadanía informada.

Los avances verificados en la detección temprana no son azarosos sino la consecuencia de políticas públicas sostenidas y de una ciudadanía informada. En ese sentido, el rol del Estado resulta central. Organizar campañas de concientización, facilitar el acceso a los estudios y reforzar la importancia de los controles periódicos -especialmente en los grupos etarios de mayor riesgo- es una inversión sanitaria que rinde resultados concretos.

Existen herramientas de detección precoz probadas y disponibles para los cánceres más frecuentes: colonoscopías, mamografías, test de VPH, PAP, análisis de laboratorio y controles clínicos regulares. Cuando estos estudios se realizan en tiempo y forma, la enfermedad puede ser abordada en estadios iniciales, con tratamientos menos invasivos y con una probabilidad de éxito claramente mayor. La consecuencia directa es una baja en la tasa de letalidad.

Los datos del Hospital San Juan Bautista, que describen la realidad local, son consistentes con las estadísticas nacionales. Según informes del Instituto Alexander Fleming y de la Sociedad Argentina de Oncología Clínica, hasta el 40% de los casos de cáncer podrían evitarse o tratarse con éxito mediante cambios en el estilo de vida y controles médicos regulares. En etapas tempranas, las tasas de curación o de respuesta favorable al tratamiento se ubican entre el 70% y el 90%.

El cáncer sigue siendo una enfermedad compleja, con múltiples factores involucrados y sin soluciones simples. Pero también es una patología frente a la cual la prevención y la detección precoz pueden inclinar la balanza de manera decisiva. Cuando el Estado asume un rol activo en la concientización y en la promoción de controles, el riesgo de muerte disminuye de forma tangible.

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