jueves 11 de agosto de 2022

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Editorial

Un mea culpa histórico

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27 de julio de 2022 - 00:15

El pedido de perdón del Papa "por el mal que tantos cristianos cometieron contra los pueblos indígenas” y la “mentalidad colonialista” de miembros de la Iglesia que llevó a una “destrucción cultural” de esos pueblos, se inscribe en la lógica de un proceso transformador iniciado en El Vaticano desde la llegada de Bergoglio en 2013.

El Papa pronunció estas palabras en su visita a Canadá y, ante representantes de pueblos originarios de esa región de América del Norte, al referirse a las escuelas residenciales que funcionaron en aquel país entre fines del siglo XIX y la década del 90, internados gestionados por la Iglesia, donde se obligaba a niños indígenas, luego de separarlos de sus familias, a olvidar sus costumbres y cultura y a padecer condiciones de vida deplorables que en muchas ocasiones eran causa de muerte. “Por medio del sistema de escuelas residenciales, sus lenguas y culturas fueron denigradas y suprimidas; los niños sufrieron abusos físicos y verbales, psicológicos y espirituales; se los llevaron de sus casas cuando eran chiquitos y esto marcó de manera indeleble la relación entre padres e hijos, entre abuelos y nietos”, reconoció Francisco.

La admisión de la Iglesia, a través de su líder, de las aberraciones cometidas en nombre de Dios y de Cristo, constituye un soplo de aire fresco La admisión de la Iglesia, a través de su líder, de las aberraciones cometidas en nombre de Dios y de Cristo, constituye un soplo de aire fresco

El Pontífice no aludió directamente al rol de la Iglesia en la conquista de América en general y a su complicidad en el genocidio y la aniquilación cultural, pero sus palabras pueden interpretarse de un modo más amplio, trascendiendo el caso canadiense, sin caer en un error de apreciación. Además, en una estructura jerárquica y vertical como la institución eclesial, las palabras de Francisco pueden interpretarse como una nueva posición de la Iglesia en su conjunto sobre uno de los temas más controversiales de su historia. Ya en 2015, durante su visita a Bolivia, Francisco había pedido “humildemente perdón”, “no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

El cambio de posición se emparenta con otro ocurrido con anterioridad y también de mucha sensibilidad: el que se vincula a las denuncias de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes, obispos, religiosos y religiosas, en muchos casos contra niños.

La intención del Pontífice de condenar los abusos enfática e institucionalmente y la de ordenar investigaciones internas al mismo tiempo de colaborar con las judiciales en marcha o las denuncias que se iban efectuando, se hizo evidente a poco de comenzar su gestión.

Durante su discurso en Canadá, el Papa recordó, precisamente, la carta “al pueblo de Dios” que escribió en 2018 para condenar los abusos sexuales cometidos en ámbitos eclesiásticos y reflexionó que “mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado”.

La admisión de la Iglesia, a través de su líder, de las aberraciones cometidas en nombre de Dios y de Cristo, constituye un soplo de aire fresco para una institución que ha sido históricamente refractaria a los cambios y a los mea culpa.

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