jueves 2 de abril de 2026
Análisis

Nos salva la escuela

Por Guillermo Alejandro Bordón- Especial para El Ancasti

En estos últimos años la escuela siempre ha sido el blanco de innumerables críticas, más destructivas que constructivas. Al parecer los males que aquejan a la sociedad es pura y exclusiva responsabilidad de la escuela y de sus docentes. Es cierto también que la escuela fue variando en su función y toda la mochila de expectativa social la lleva consigo. Demasiada carga para una institución que sabe sobrevivir a los embates del tiempo y de las crisis. Si nos ponemos a pensar en profundidad, y mas allá de todo marco teórico, la escuela no cierra nunca. Soporta estoicamente las paupérrimas economías y medidas políticas.

Desde distintos ámbitos de la política, especialmente en tiempos de campañas, comienzan a vociferar que tiene que haber una educación de calidad, inclusiva, una educación que encamine a las personas al mundo del trabajo, que construya conocimientos etc. etc. Ni mencionar cuando se aferran a teorías, pocas veces comprendidas, y no ven la realidad o realidades por la que es atravesada la institución y sus protagonistas. Inclusive varios comunicadores sociales, sin argumento, citan los que otros dicen: “más calidad educativa”. Hasta ahora nadie se atrevió a definir qué es una educación de calidad.

No se ha visualizado en la agenda política el tema de la educación. Como diría Emilio Tenti Fanfani: “la escuela no se encuentra en un vacío”. Está atravesada por las grandes problemáticas sociales como las adicciones, la violencia social y familiar, los altos índices de pobreza que profundizan la poca expectativa de vida en una parte de la población, abusos intra familiares e institucionales en la que derivan la baja auto estima de los chicos y chicas. Con estas realidades no se puede aspirar a una calidad educativa si no se brinda una calidad de vida. El trabajo de los docentes se hace difícil ejecutar según los criterios y parámetros políticos del momento. Viven la contradicción entre ser docentes que enseñan o que brindan contención a los sujetos educativos. Tan contradictorio como el Estado que pide calidad pero que no ejecuta políticas sociales serias para sacar a los ciudadanos de los flagelos enumerados.

La clase dirigencial, que lejos están de convertirse en líderes, deben renunciar a sus mezquindades y armar una agenda social y no para los medios de comunicación. Los ciudadanos necesitamos soluciones concretas y no exclamaciones de marketing político vacías de contenidos reales.

La escuela tiene una gran tarea por delante. Gabriel Paradiso en su libro “Es el liderazgo, estúpido” hace hincapié a la escuela como parte del “Útero institucional”. Señala que “la finalidad de la educación es la de dotar a las personas del sistema de valores, actitudes y hábitos necesarios para su perfeccionamiento personal y desarrollar todas las facultades del ser humano con un sentido armónico y para una mejor convivencia humana”. Gran misión de la escuela y será cuesta arriba porque carga la mochila pesada que lleva todas las problemáticas sociales y que debe cubrir con vendas de amor y entrega para que cicatricen.

En medio de tantas dificultades y contradicciones…nos salva la escuela.

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