El retorno al atril de Manuel Adorni fue una demostración inapelable de su disfuncionalidad. Tras leer un mensaje, el jefe de Gabinete intentó introducir en el intercambio con los periodistas anuncios de gestión como la agenda legislativa que se propone impulsar el Gobierno, el envío de 60 pliegos al Senado para cubrir vacantes en la desertificada Justicia Federal, la versión libertaria sobre el 24 de marzo o la concesión del complejo turístico de Chapadmalal. Había advertido que sobre su peripecia personal no agregaría más a lo que había leído, pero fue inútil: las preguntas se concentraron en las inconsistencias de su situación patrimonial, su fragilidad política y sus contradicciones éticas.
En un mismo acto se verificó la insolvencia de Adorni como Jefe de Gabinete y su eficacia para distraer el foco de los hermanos Milei. En un mismo acto se verificó la insolvencia de Adorni como Jefe de Gabinete y su eficacia para distraer el foco de los hermanos Milei.
Que ocurriera era más que previsible. Al margen del interés público que tiene al caso, los periodistas acreditados en la Casa Rosada no iban a perderse la papa de hostigar a quien se la pasó humillándolos durante toda su gestión como vocero. “…y naides se muestre altivo, aunque en el estribo esté, que suele quedarse a pie el gaucho más alvertido”: el Martín Fierro encierra perlas de sabiduría superiores a las de Lilia Lemoine.
Santiago Caputo, el Mago del Kremlim, contemplaba el espectáculo tan divertido que integrantes no identificados de su entorno estimaron conveniente aclararle a la prensa que “se reía de las preguntas de los periodistas, no de las respuestas”.
Si se da crédito a las copiosas evidencias de su enfrentamiento con la hermanísima Karina, verlo a Adorni enredado en las cuartas tiene que haber sido para él una experiencia deliciosa, más todavía porque fue quien indujo la pantanosa conferencia de prensa.
Es como si hubiera entregado al desvencijado Jefe de Gabinete a las fieras, pero finalizada la ordalía reluce un detalle perverso: nadie preguntó por las novedades en la criptoestafa Libra que comprometen a los hermanos Javier y Karina Milei.
Tan entusiasmados estaban los periodistas en despellejar a Adorni, que ninguno advirtió que era la primera vez desde que se reinició la escalada por el fraude que tenían nada menos que al Jefe de Gabinete, encima dilecto protegido de Karina, disponible para el interrogatorio, en un escenario sin condicionamientos. Ya que avisaba que no contestaría preguntas sobre su aciaga peripecia particular, bien podría haberse referido a las controvertidas relaciones de la pareja presidencial con el lobista Mauricio Novelli y el criptogurú Hayden Davis.
De tal manera, en un mismo acto se verificó la insolvencia de Adorni como Jefe de Gabinete y su eficacia para sacar del foco de atención a los Milei ¿Lo habrá planeado así Santiago Caputo? Misterios que alargan la temible sombra del asesor, por muchos casilleros que venga perdiendo en la reyerta con Karina y el menemismo residual.
El sacrificio de Adorni fue presenciado además por los ministros Luis Caputo (Economía), Alejandra Monteoliva (Seguridad) Pablo Quirno (Cancillería), Mario Lugones (Salud) y Federico Sturzenegger (Desregulación) y la secretaria Legal y Técnica María Ibarzábal. También asistió el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Karina, secretaria General de la Presidencia, no estuvo para confortar a su pollo en el difícil trance, pero posteó su solidaridad: "Mi apoyo, intacto. Más allá de las operaciones del periodismo y la vieja política sé quién sos y de tu integridad”.
De continuar como Jefe de Gabinete, Adorni tendrá que concurrir al Congreso para informar sobre la gestión del Gobierno. La conferencia de ayer prefigura la carnicería que podrían ser sus exposiciones en tal ámbito, integrado por personajes bastante menos amables que los periodistas.
Hasta ahora sigue siendo útil para arrastrar las marcas y diluir el impacto de Libra en la agenda. En el Parlamento podría servir además para sostener la tensión con el alicaído kirchnerismo, tratando de atenuar los renuncios morales libertarios en el contraste con un enemigo que se hace cada vez más indispensable.n