La Asamblea Legislativa es convocada para ocasiones muy especiales, como la asunción de un presidente o la apertura de sesiones ordinarias. En este último caso, se espera que el Presidente rinda cuentas ante los representantes del pueblo, los legisladores, sobre lo actuado a lo largo del año pasado y lo que espera hacer en el próximo período.
Javier Milei llegó al Congreso para anunciar nada. A cambio, convirtió la apertura de sesiones en un show, su propio show. Lo dejó en claro desde su llegada con un despliegue inusitado de Granaderos en un número que parecía superar a las pocas personas que se acercaron al Congreso. O con el desplante que le hizo a su propia vicepresidenta, Victoria Villarruel, a quien le negó el saludo. Un mal educado, dirían en el barrio.
Javie Milei buscaba show y eso ofreció, para así poder desplegar su versión más ultra, la del insulto y la intolerancia.
Fue recién sobre el tramo final de su discurso que mencionó vagamente algunas medidas. Anunció, sin más precisiones, que cada mes sus ministerios presentarán “diez reformas estructurales”, un total de “90 reformas estructurales”.
El resto de la más de hora y media que duró su presentación fue la reiteración de una fórmula ya trillada: mencionar logros con números incontrastables. Pero esta vez todo apuntó a un objetivo: atacar a los legisladores opositores que estaban presentes. Ante cada frase, se volvía a su izquierda para lanzar un insulto: “Chorros, brutos, ignorantes”, “me encanta domarlos”, “la chorra”. “Chilindrina troska”, le disparó a Myriam Bregman, convencido de su humor.
El espectáculo se completó con el elenco aplaudidor conformado por los legisladores de La Libertad Avanza y dirigidos desde los palcos por sus esbirros –Gordo Dan, etc.–. “Presidente”, “Tobillera”, “Libertad”. El coro libertario pareció impedido de salir de los monosílabos. Solo lo hicieron para cantar “saquen al pingüino del cajón”, un cántico que en el barrio tampoco dejarían pasar. No se habla de quien no se puede defender, dicen las personas con código.
Esta noche, Javier Milei transformó la apertura de sesiones ordinarias en una arenga de barra brava y volvió a instalar el agravio y la bravuconada como política de Estado. No es algo menor. Cuando los insultos y la violencia provienen desde lo más alto del poder, se vulneran las instituciones y, en definitiva, la propia democracia.