Resulta inadmisible la reticencia del gobierno nacional a distribuir entre los comedores los cinco millones de kilos de alimentos comprados por la gestión anterior y guardados desde hacía por lo menos seis meses en dos galpones, uno en la provincia de Buenos Aires y otro en Tucumán. Ya era bastante difícil de explicar, antes de que se revelara la existencia de estos depósitos, que el Ministerio de Capital Humano desabasteciera a los comedores en un contexto de pobreza, indigencia y desempleo crecientes como consecuencia de la devaluación de diciembre, la liberación de precios, la quita de subsidios y el ajuste fiscal más grande de la historia, que pulverizó salarios y jubilaciones, pero la constatación de la existencia de esos recursos abre interrogantes que no encuentran respuestas racionales.
El episodio es tal vez el más representativo de estos seis meses de gestión en los que la lógica política se ha visto avasallada por decisiones inverosímiles, errores no forzados que terminan conspirando contra el propio plan de gobierno.
Con escasa representación parlamentaria, el gobierno libertario requería de una estrategia de seducción de los sectores que desde el principio se manifestaron dispuestos a dialogar y a concederle al Ejecutivo las herramientas legislativas para el desarrollo de sus políticas. Sin embargo, en vez de potenciar esa alianza, Javier Milei puso enormes energías en lanzar diatribas e insultos contra diputados y senadores nacionales, complicando el trámite legislativo de su proyecto emblemático: la ley Bases.
El presidente agravia a gobernadores a los que necesita para dotar de densidad institucional a su gestión y a presidentes de países que son clave para la Argentina en materia de relaciones comerciales o de inversiones. Mantiene una tensa relación con la prensa y un vínculo inexistente con los sectores gremiales, la dirigencia social e incluso una porción importante de los empresarios, particularmente los que representan a los sectores pymes.
La sangría de funcionarios no se revierte con la incorporación de nuevos cuadros y las decisiones sobre la marcha del gobierno se adoptan en un círculo cada vez más cerrado por funcionarios sin experiencia política y quizás sin la preparación adecuada.
Un gobierno con notables debilidades de origen y en un contexto de grave crisis económica debería adoptar medidas cuyo sentido sea contrario al adoptado en el semestre: esforzarse en transparentar y hacer eficiente la distribución de la ayuda social; edificar relaciones políticas constructivas con legisladores, gobernadores, mandatarios de otras naciones, la prensa y dirigencia que representan a la sociedad civil. Fortalecer el gabinete, además, con el aporte de cuadros políticos y técnicos que estén a la altura de las responsabilidades y que le confieran gobernabilidad a la gestión.
La escasa racionalidad de muchas de las decisiones adoptadas condiciona el enfoque de la gestión, provocando que demasiadas veces el debate se focalice en las formas más que en el fondo de las políticas que se implementen. En los modales más que en el modelo. Y ése es otro síntoma de deterioro de la política en la Argentina.n