En su poema “Everness” Jorge Luis Borges dice: “Solo una cosa no hay. Es el olvido. / Dios que salva el metal, salva la escoria / y cifra en su profética memoria / las lunas que serán y las que han sido. / Ya todo está. Los miles de reflejos / que entre los dos crepúsculos del día / tu rostro fue dejando en los espejos / y los que irán dejando todavía. / Y todo es una parte del diverso / cristal de esa memoria, el universo; / no tienen fin sus arduos corredores/ y las puertas se cierran a tu paso; / solo del otro lado del ocaso / verás los Arquetipos y Esplendores.”
En la Sociedad Argentina de Escritores estamos con Borges salvándolo del olvido, asistiendo y difundiendo su obra fabulosa, a cuarenta años de su fallecimiento, de su partida acaecida el 14 de junio de 1986. La SADE filial Catamarca ha programado un “Año Borgeano” con conferencias, conversatorios, lecturas, en salones, escuelas, instituciones y medios de comunicación. Destacamos que el escritor presidió la SADE nacional -central- en el período 1950 – 1953.
Se dice que Borges quiso morir en Ginebra, la ciudad donde fue feliz en su adolescencia. Huyó de Buenos Aires un día gris, cuando todos lo acorralaban con exigencias inútiles que el viento disolvería a la distancia, según el escritor. De una cosa tenía certeza, de una cosa que jamás entraría en su equipaje: el olvido. Porque detrás de su memoria sabía qué dejaba y quiénes eran sus amigos para defenderlo.
El escritor Eduardo Gudiño Kieffer se pregunta: “¿Acaso eligió morir en Ginebra? No, no lo siento así. Creo que nadie, ni siquiera el suicida, elige el lugar y el momento de su muerte. Él lo sabía y lo escribió en uno de sus bellísimos sonetos: “Es de hierro tu destino como tu juez, Ninguna decisión humana puede impedir los designios de la Moira”.
Refiriéndose a Jorge Luis Borges, dice Octavio Paz que es difícil resignarse ante la muerte de un hombre querido y admirado. Desde que nacemos esperamos siempre la muerte y siempre la muerte nos sorprende. Ella, la esperada, es siempre la inesperada. La siempre inmerecida. No importa que Borges haya muerto a los 86 años, no estaba maduro para morir. Nadie lo está, cualquiera que sea su edad. Hoy Borges ha vuelto a ser unos libros, una obra.
Cultivó tres géneros: el ensayo, la poesía, el cuento. La división es arbitraria: sus ensayos se leen como cuentos, sus cuentos son poemas y sus poemas nos hacen pensar como si fueran ensayos. El puente entre ellos es el pensamiento. Su obra es un sistema de vasos comunicantes y sus ensayos navegables que desembocan con naturalidad en sus poemas y narraciones.
Después de su adiós, Borges es una figura que siguió creciendo, adquiriendo nuevos relieves, incluso modificándose. Cuando murió, su obra ya era reconocida en el mundo por la originalidad filosófica de su imaginación. En Argentina sus lectores lo leían en sus “Obras Completas” (1974) de Emecé para los libros en solitario -tapas verdes- y en sus obras en colaboración -tapas marrones-.
En algunos textos Borges contrasta la eternidad, que es mera duración como la materia inerte, con la inmortalidad de lo que no sirve y por lo tanto puede morir y renacer. “Las ideas no son eternas como el mármol, sino inmortales como un bosque o un río”, expone en “La noche que en el sur lo velaron”.
La contradicción que habita en sus especulaciones y sus ficciones – la disputa entre la metafísica y el escepticismo- reaparece con violencia en el campo de la afectividad. Su admiración por el cuchillo y la espada, por el guerrero y el pendenciero era tal vez, según Octavio Paz, el reflejo de una inclinación innata. Este rasgo, la contradicción, aparece ante el misterio de la muerte. En su poema “Los Enigmas” Borges dice:
“Yo que soy el que ahora está cantando
Seré mañana el misterioso, el muerto,
El morador de un mágico y desierto
Orbe sin antes ni después ni cuándo.
Así afirma la mística. Me creo
Indigno del Infierno o de la Gloria,
Pero nada predigo. Nuestra historia
Cambia como las formas de Proteo.
¿Qué errante laberinto, qué blancura
Ciega de resplandor será mi suerte.
Cuando me entregue el fin de esta aventura
La curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
Ser para siempre; pero no haber sido.
A cuarenta años de su ausencia Borges habita la eternidad, porque tal como expresa en “Everness” “Solo una cosa no hay: es el olvido”. En este “Año Borgeano” la SADE difundirá la obra del autor argentino, con disertaciones del Dr. Jorge Chayep, el Dr. Arturo Herrera, el Mgter. Víctor Russo y la docente, Hilda Angélica García. Cerrará el ciclo el presidente de la SADE central, Dr. Alejandro Vaccaro, reconocido biógrafo de Borges.