Etiología: Estudio sobre las causas de las cosas
Etiología: Estudio sobre las causas de las cosas
Los miembros del ateneo forense reunido en Córdoba no pudieron ponerse de acuerdo para establecer el modo en que murió Juan Carlos Rojas, pero llegaron a un criterio únanime para señalar la causa de esta divergencia insalvable: el trabajo criminalístico realizado en la recolección y preservación de pruebas fue pésimo.
La ciencia forense no puede verificar con absoluta certeza la etiología de la muerte de Rojas con los elementos disponibles, admiten los especialistas. En cambio, o en compensación, sí puede pronunciarse sin lugar a dudas sobre la etiología de esta incertidumbre.
Esto no quiere decir que la Justicia no pueda determinar en función de otros elementos si Rojas fue víctima de un asesinato o falleció accidentalmente, pero el dictamen del Ateneo devuelve a la escena la controversia sobre las fallas que se produjeron en el inicio de la investigación, durante la breve etapa en que fue conducida por el fiscal Laureano Palacios.
Esto ocurre a más de tres años del hallazgo del cadáver de Rojas y a dos y medio de que el tribunal del Jury, en un fallo dividido y polémico, dictó la absolución de Palacios.
Ante el tribunal político, el fiscal explicó que ninguno de los peritos de la División de Homicidios, Bomberos y el Cuerpo Interdisciplinario Forense que analizaron la escena del crimen le advirtió que podía tratarse de un caso de homicidio.
El fiscal del Jury, Miguel Mauvecín, consideró al alegar su acusación que Palacios no se había ajustado a un principio elemental que debe aplicarse frente a una muerte dudosa: investigar “de mayor a menor.
La hipótesis del crimen se descarta en función de lo que marquen las pericias y la recolección de pruebas, y no asumirse recién cuando pericias y pruebas la confirmen.
En el inicio de la instrucción, Palacios procedió al revés, al punto que hasta la medianoche de ese 4 de diciembre de 2022 en el que Fernando Rojas encontró el cuerpo de su padre todavía andaba consultando si los golpes que tenía el cadáver podían ser accidentales.
Entregó el cuerpo para las exequias a pesar de sus dudas y no lo recuperó sino hasta la mañana del día siguiente al hallazgo, después de que Luis Barrionuevo denunció que se trataba de un crimen. En las primeras horas de esa mañana, dijo que trabajaba para “descartar la muerte violenta” y recién admitió que esa era la situación cerca de las 10 de la noche, cuando el escándalo empezaba a acelerar su escalada.
Como no tomó la perspectiva de que se trataba de una muerte violenta, pese a haber ordenado la autopsia, Palacios dejó desguarnecidas, liberadas para cualquier manipulación, locaciones clave.
La casa de Rojas, donde lo encontró su hijo Fernando, quedó sin custodia y la familia fue autorizada para limpiarla.
Este descuido es incontrastable: Palacios ordenó precintar el domicilio y preservarlo de intromisiones de nuevo casi doce horas después de que se hubiera retirado de allí el cadáver para practicarle la necropsia.
También señaló Mauvecín que Palacios no “condujo” la investigación, sino que se dejó conducir. Es decir: no tomó las decisiones que debía tomar, u otros las tomaron en su lugar.
¿A Palacios le retacearon colaboración o pretendieron despistarlo?
Es el gran interrogante que ni el el Jury ni el fiscal Hugo Costilla despejaron y que los forenses vuelven a plantear: ¿el accidentado inicio del expediente Rojas fue producto de negligencia, inoperancia o maniobras deliberadas de encubrimiento?
Para empezar a responder esta pregunta, Costilla tiene un testigo clave: su colega Palacios no solo tuvo una posición de privilegio para detectar eventuales irregularidades en las primeras horas de la investigación, sino más de tres años para reflexionar y atar cabos sobre su desafortunado debut en la función judicial.