miércoles 1 de abril de 2026
Opinión

La salud de los niños y niñas no admite fronteras

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Por Rodrigo Morabito

Las palabras de la senadora Carmen Álvarez Rivero, al afirmar que no cree que los niños argentinos tengan derecho a atenderse en el Hospital Garrahan, trascienden lo anecdótico para instalar un debate que no debería existir ¿la salud de los niños puede estar condicionada por el lugar en el que nacieron?

La respuesta, desde el derecho y desde la ética, es categórica: ciertamente no.

La Convención sobre los Derechos del Niño (arts. 24 y 25), que tiene jerarquía constitucional en nuestro país (arts. 31 y 75 inciso 22), establece con claridad que todos los niños y niñas tienen derecho a gozar del más alto nivel posible de salud y a acceder a los servicios que sean necesarios para su tratamiento. Esta obligación no distingue provincias ni ciudades; obliga al Estado argentino en su conjunto.

El Hospital Garrahan nació con esa misión; convertirse en un centro de referencia nacional y regional en atención pediátrica de alta complejidad. Su existencia encarna el espíritu de la salud pública como política de igualdad para que ningún niño quede afuera por falta de recursos o por haber nacido lejos de los grandes centros urbanos. Negar este derecho es desconocer la función misma del hospital y, más grave aún, deshumanizar a la infancia.

En tiempos de discursos que relativizan derechos humanos básicos y fundamentales, conviene recordar que la salud no es un privilegio, sino un derecho humano esencial. Y cuando se trata de niños y niñas, el compromiso estatal es aún mayor para protegerlos con prioridad absoluta, como lo manda la Constitución Nacional (art. 75 inciso 23).

Los dichos de la senadora Álvarez Rivero, lejos de ser una opinión aislada, expresan una visión peligrosa que amenaza con fragmentar lo que debería ser universal. Porque cuando un niño o una niña enferma, lo único que importa es salvar su vida. Y en esa misión, el Estado no puede ni debe poner fronteras.

El Garrahan no es un lujo. Es un derecho. Y defenderlo es defender a la infancia argentina.

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