El senador nacional Guillermo Andrada y el diputado nacional Francisco Monti expresaron a través de sus cuentas “X” el repudio a unas consideraciones del periodista Ricardo Canaletti en las que comparó a Catamarca y La Rioja con la cárcel, sitio donde debería estar, a su criterio, el exsecretario de Comercio Interior Guillermo Moreno.
"Moreno debería estar en La Rioja, Catamarca, en algún lugar de esos, si no preso", opinó Canaletti mientras hablaba sobre el acto que hizo el dirigente peronista en Ferro.
“Cuando los ingleses invadieron el Río de La Plata, a los oficiales de los highlanders los iban a mandar a un lugar que ellos le tenían terror, para ellos era el desierto de Gobi: Catamarca”, añadió.
“Ricardo Canaletti, periodista y panelista en TN, comparando nuestras hermosas provincias de La Rioja y Catamarca con una cárcel. Un pobre tipo, además de ignorante”, tuiteó Andrada.
Monti consideró que el panelista “se recibió de pelotudo al confundir a la mayor belleza del mundo con una cárcel. No hay nada que temer para quienes quieran visitar el paraíso de Catamarca”.
Dos reproches provenientes de la política, del alud que cayó sobre el hombre por decir semejante sandez, adobada para colmo con alardes de presunta erudición histórica. Es un mal de época.
Las desafortunadas manifestaciones pueden ser útiles para desplegar otro tipo de análisis y conjeturas, ya que estamos en tren de divague.
Por ejemplo: ¿cuáles son los resultados arrojados por la gestión del país a cargo de las luminarias metropolitanas?
Las provincias tendrán sus miserias, qué duda puede caber, pero ha de convenirse que las políticas diseñadas para la Argentina desde la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires de Fernando De la Rúa en adelante, pasando por el kirchnerato apalancado en Conurbano, la administración del muy porteño Mauricio Macri y el trípode Alberto Fernández-Cristina Kirchner-Sergio Massa, AMBA condensado, no dan para presumir. El desarrollo de la etapa encabezada por Milei no parece tener criterios diferentes respecto de considerar al interior como una suerte de apéndice de la metrópoli.
Si de historia se trata, convendría recordar el papel que jugaron en la construcción y afianzamiento del Estado nacional provincianos como los tucumanos Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca o el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, resistiendo y administrando las pulsiones hegemónicas del localismo bonaerense. La creación de la Capital Federal en 1880, en la primera presidencia de Roca, obedeció precisamente a la necesidad de descabezar el incordio y fuente de conflictos en que se había convertido la Provincia de Buenos Aires.
Las cosas suelen ser menos lineales de lo que los Canaletti de este mundo suponen. Sin embargo, es un dato objetivo el trato preferencial que los Gobiernos nacionales dispensan al área metropolitana y las inequidades consecuentes.
Esto obedece sobre todo al peso demográfico y electoral de esa región, en la que habita más del 40% del padrón del país.
Perspectivas despojadas de prejuicios ombliguistas podrían al menos evaluar las posibilidades que habilitarían políticas tendientes a promover el desarrollo del interior para empezar a resolver los arduos problemas que aquejan al AMBA.
Mejorar las condiciones para que la gente se realice y prospere sin necesidad de depender del Estado en las provincias, atenuar desventajas comparativas, quizás contribuiría a atenuar, incluso revertir, la migración interna y desde países limítrofes no solo hacia la saturada región metropolitana, sino también hacia otras grandes urbes que debe lidiar con demandas sociales que las superan.
Es solo uno de los elementos que podrían enriquecer la sesgada razón metropolitana.