jueves 11 de julio de 2024
Editorial

La apuesta catamarqueña por la Fiesta del Poncho

Los dos fines de semana largos que tuvo el mes de junio marcaron una caída histórica en la cantidad de turistas que se movilizaron por los distintos destinos de la Argentina. El fin de semana pasado la disminución respecto del año 2023 fue del 64%. El que acaba de concluir fue mejor, pero lejos estuvo del movimiento de otros tiempos.

La causa principal es, sin duda, la caída del poder adquisitivo de los salarios. Pero también puede anotarse la extinción del Programa PreViaje, que era fundamental para alentar, con el subsidio estatal, el turismo en época de temporada baja, como es precisamente junio.

Con estos antecedentes, cobra mayor relevancia la apuesta catamarqueña por la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Las de los dos últimos años fueron monumentales y consolidaron al evento local como el más importante a nivel nacional en cualquier época del año.

Catamarca se convierte durante casi dos semanas en una vidriera magnífica donde exhibe su cultura, su historia, su arte y sus artesanías, su gastronomía, su potencialidad social y económica, pero también es vidriera de expresiones de la misma índole de otros lugares. La Fiesta del Poncho es una amalgama de colores, sabores, sonidos, aromas y tersuras. Es la fiesta del pueblo que disfruta el pueblo.

Como ya se ha dicho en esta misma columna, la provincia no es solamente un conjunto de paisajes bellos e imponentes: es también lo que hace su gente. Y la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, como vidriera de ese acervo que se ha construido durante siglos y se sigue generando, enlazando lo histórico con lo moderno y contemporáneo, funciona como atracción presente pero también futura para los visitantes.

La crisis económica que hace tiempo afecta al país pero que se ha profundizado gravemente en los últimos seis meses parecía preanunciar una Fiesta del Poncho más modesta, acotada, condicionada por la escasez. Pero no será así. La intención oficial es mantener la calidad, la amplitud, la elocuencia, la masividad que ya la caracteriza.

Es un desafío ambicioso en un contexto de achique permanente, en el que se pregona la supuesta inutilidad del Estado o, peor, su interferencia permanente y nociva para el desarrollo de los negocios privados. La Fiesta del Poncho es posible precisamente porque hay mucho trabajo colectivo por detrás y un impulso financiero, organizativo y de infraestructura del Estado –en sus niveles provincial y municipal, ya no nacional- por detrás. Sin el Estado, esta fiesta y casi ninguna que permite exhibir la cultura de los pueblos en la Argentina existirían.

El Estado presente ayuda al arte, a la cultura, al desarrollo económico y social, y en esta apuesta de julio en Catamarca potenciará seguramente al turismo, permitiéndole salir aunque sea por un par de semanas de la terapia intensiva en la que se encuentra.

La apuesta catamarqueña por la Fiesta del Poncho es útil para revisar las frases hechas, ciertos slogans interesados que intentar instalar la idea respecto que al Estado hay que destruirlo, desde adentro o desde afuera.

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