Dentro de menos de cinco meses el Paso de San Francisco cumplirá tres años de casi total inactividad, condición que persiste desde que se declaró la pandemia de COVID-19 y se implementaron restricciones importantes a la circulación. Es el único de los principales pasos fronterizos con Chile que sigue sin funcionar, y no por razones sanitarias, sino atribuibles a la falta de decisión de las autoridades del vecino país de acondicionar el puesto migratorio de Maricunga, distante a aproximadamente a 110 kilómetros del límite internacional.
En tiempos en los que se hacen proyecciones muy ambiciosas respecto del corredor bioceánico que involucra al Paso de San Francisco para conectar el océano Atlántico con el Pacífico, que la ruta se encuentre intransitable, salvo contadas excepciones, por un detalle de infraestructura menor, es un verdadero desatino.
Aunque las autoridades chilenas proclamen en cada oportunidad que tengan, particularmente en eventos en los que están representantes argentinos, la importancia estratégica del Paso de San Francisco para la integración, en la práctica siempre se han mostrado renuentes a financiar obras que permitan su funcionamiento a pleno. Se recordará, por ejemplo, la cantidad de años en que un tramo del lado chileno permaneció sin pavimentar cuando del lado argentino la ruta estaba completa y en buenas condiciones.
Tal vez hagan falta gestiones de mayor jerarquía, entre gobiernos nacionales, para lograr que el Paso de San Francisco se rehabilite Tal vez hagan falta gestiones de mayor jerarquía, entre gobiernos nacionales, para lograr que el Paso de San Francisco se rehabilite
Las últimas noticias que llegan del país vecino indican que las obras estarían concluidas en diciembre, pero los incumplimientos sucesivos a lo largo de años hacen dudar respecto de la fecha exacta en que estarían dadas las condiciones para que el paso fronterizo que une Catamarca con la región de Atacama funcione con relativa normalidad.
Desde que se levantaron las restricciones de circulación inherente a la pandemia, el Paso de San Francisco se habilita solo en circunstancias especiales, a pedido generalmente de las autoridades chilenas, para el paso de algunos camiones, delegaciones gubernamentales o culturales. La autorización se debe solicitar con anticipación mediante nota. Esto es, el funcionamiento es muy intermitente y sujeto a disposiciones burocráticas, y supone gastos excesivos porque demanda el envío eventual al límite de funcionarios de Aduana y Migraciones.
Del lado argentino, en la frontera, están de modo permanente empleados de Vialidad Nacional y gendarmes, con actividades casi nulas. La repartición que se encarga de las rutas nacionales ha ejecutado en los últimos meses obras de importancia en la Ruta 60, cerca del límite con Chile, pero la utilización del camino es solo utilizado por amantes del turismo de aventura y solo pueden llegar hasta antes del paso fronterizo.
Hace pocos días el vicegobernador Rubén Dusso se reunió en Buenos Aires con Bárbara Figueroa Sandoval, embajadora de Chile en Argentina, a quien le pidió por la pronta apertura definitiva del Paso. Pero tal vez hagan falta gestiones de mayor jerarquía, entre gobiernos nacionales, para lograr el objetivo. Si la importancia es estratégica, como ambos países pregonan constantemente, la decisión política de la rehabilitación debe encaminarse por las gestiones de la más alta diplomacia.